Sandra Bullock tiene defensores y detractores, más los segundo que los primeros. Pero lo que está claro es que en las comedias románticas es donde se mueve mejor, y donde parece haber decidido quedarse. Aunque ha tenido escarceos con otros géneros, siempre termina volviendo "a casa".
La última ocasión fue con La Proposición, una comedia romántica más que se hizo popular por ser la primera vez en que se veía a la Bullock como su madre la trajo al mundo (eso sí, cubriéndose convenientemente las zonas más íntimas, que es cine familiar al fin y al cabo). Una poderosa editora canadiense ve cómo su prometedora carrera en Nueva York puede irse al traste por un problema con su visado por el que la podrían deportar a su país. Para evitarlo, se le ocurre casarse rápidamente con su joven asistente, al que lleva haciendo la vida imposible años. Él acepta, pero antes ella tendrá que pasar unos días con su familia en Alaska mientras un agente de inmigración sigue sus pasos con inusitado interés (si hicieran eso con todos los posibles matrimonios de conveniencia, iban listos…).
Nada se sale del guión: se desarrolla como es de esperar y termina como todos imaginamos. Eso sí, tiene algún que otro gag con cierta gracia. No es de lo peor del género, pero tampoco pasará a la posteridad. Los actores se mantienen correctos, y a los diálogos se les podría haber sacado más jugo (hay algún momento en que parece que la cosa va a mejorar, pero se queda en mera intención).
Cine para pasar el rato, sin más. Seguramente, a los fans de la Bullock de lso que hablaba al empezar les gustará. Pero a los demás, nos deja fríos.
