La angustia del miedo es realmente terror en estado puro. Sin medias tintas ni adornos estéticos, clara y precisa golpea fuertemente en la yugular.

★★★★★ Excelente

Otro cineasta el austriaco Gerald Kargl unido a esa especie de colección de cineastas malditos que ofrecen una obra maestra para a renglón seguido desaparecer sin dejar rastro. Solo algún corto en su haber anterior al comentado debut forma parte de su escueta obra.

La angustia del miedo siempre es comparada con Henry, tal vez sean dos Psicokillers con muchos puntos en común. Desde el utilizar la perspectiva de sus protagonistas en primera persona combinada con un ambiente opresivo y malsano conseguido a base de una puesta en escena documental de aspecto enfermizo.

El filme protagonizado por una gran Edwin Leder, visto en la marciana Taxidermia, nos presenta un hombre enfermo casi sin diálogos; llevando a cabo una conversación consigo mismo en el empleo de una voz en off constante. Desde el primer fotograma queda claro el camino a seguir, un recorrido áspero, espinoso donde un guión simple no se limita a juzgar o disculpar al personaje de sus horrorosos actos. Solo se limita a narrarlo desde el fondo de su mente de una forma ciertamente demoledora.

Rodada en blanco y negro en su versión original, es esa fotografía sin matices la que le otorga un tono de insoportable oscuridad combinada con una banda sonora apropiada. La cámara no para nunca otorgando una gran fuerza en todos sus movimientos, sobresaliendo con la crueldad otorgada en largos travelling que ofrecen una verdadera colección de imágenes bellamente espeluznantes. El sadismo brutal con el que se extermina con una familia formada por una mujer mayor, su hija y un hermano en silla de ruedas es realmente de un visionado descarnado sin abusar de la hemoglobina. Sobre todo lo que se marca dentro son los escupitajos de pura rabia que salen de la mente del asesino, todos sus pensamientos, emociones ofrecidas sin trampas ni falsos adornos que disipen la fuerza de maldad que impregna todo el filme.

Solo con pequeños detalles como por ejemplo ese mugriento bar donde se pasea la desgracia bien expuesta en las miradas perdidas de dos prostitutas moribundas, te llega un aire impregnado de lujuria furibunda, miradas perdidas, chorizos pringosos en manos que tiemblan ante planes de muerte. La angustia del miedo es realmente terror en estado puro. Sin medias tintas ni adornos estéticos, clara y precisa golpea fuertemente en la yugular.

Lo mejor: Todo, resaltando la interpretación de un descomunal Edwin Leder.
Lo peor: Difícil de digerir.
publicado por Andrés Pons el 27 noviembre, 2009

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