Sophie Marceau es una escritora frustrada que poco a poco empezará a notar ciertos cambios en su tranquila vida. Que si una mesa que cambia de sitio por aquí, que si un sofá que no está por allá, cambios que, sin embargo, parece ser que tan solo ella es capaz de ver. Poco a poco los cambios se irán acentuando llegando a cambiar físicamente los miembros de su familia e, incluso, ella misma que, de forma paulatina (que si ahora un ojo, que si ahora los labios) se irá convirtiendo en otra mujer, se irá convirtiendo en Monica Belluci. Incapaz de rendirse, emprenderá un viaje tanto interior como exterior hasta descubrir que es lo que le está pasando. Yo que quieren que les diga, a mi la peli está, que en un principio llegó a interesarme (pongamos los primeros veinte minutos) me acabó aburriendo soberanamente y la encontré insufrible en su recta final. A medida que la transformación física avanzaba, un servidor, cada vez se hundía un poco más en su butaca intentando luchar contra el sopor. Además, aparte de tediosa que tira para atrás la peli tenía un nosequé de pretenciosa que todavía lograba sacarme un poco más de mis casillas. El final, que te lo ves venir desde hace rato (y no soy yo precisamente muy listo que digamos) se hace eterno y notablemente cuesta arriba y ni siquiera la presencia de la Marceau y la Belluci logró que consiguiera interesarme. Para el recuerdo, eso si, queda la perturbadora imagen de la cara compuesta a medias entre la Marceau y la Belluci.
