Sobre «Summer wars» de Hosada Mamoru — Summer Wars no está para tonterías y se limita a la cursi pirotecnia visual y a la épica infantil.
Aunque me gusta Miyazaki, eso no me convierte en ningún fan del anime, y créanme, digan lo que digan los programadores del festival, esta cinta tiene tanto de Miyazaki como de Hannah Barbera. La historia se debate entre dos frentes, la relación del protagonista con la familia de la chica por la que está colado y su enfrentamiento contra un hacker informático que ha puesto en jaque a toda la nación. La familia tradicional japonesa como contrapunto a la era de la realidad virtual. Lo primero está tratado de forma tierna y cómica, como viene siendo habitual en este tipo de producciones, y es lo más interesante del filme. Pero luego tenemos esa lucha campal en internet que va acaparando trama a medida que avanza la acción, hasta llegar a un clímax de luces y colores que nos recordaría al de 2001: Una odisea del espacio (1968), si esa película la hubiera dirigido una niña de 8 años adicta al azúcar. La acción se sitúa en un campo de batalla virtual que nos remite directamente a portales tipo Facebook, y supongo que por eso debe parecernos atrayente y de rabiosa actualidad. En este contexto sería muy fácil elaborar una advertencia del peligro que corremos por depender demasiado de las nuevas tecnologías y a decir verdad, este subtexto casi debería quedar implícito en la historia, pero Summer Wars no está para tonterías y se limita a la cursi pirotecnia visual y a la épica infantil.
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