Espada y brujería sin excesivos efectismos

★★★☆☆ Buena

Solomon Kane


A Robert E. Howard le debemos uno de los personajes más icónicos del cómic y, por ende, el poder disfrutar de la maravillosa adaptación al cine que escribió Oliver Stone y dirigió John Millius con Arnold Schwarzenegger de protagonista. Sí, me estoy refiriendo a “Conan, el bárbaro”.
Pero el mundo de Robert E. Howard no acababa en el guerrero cimerio sino que, a su sombra, vivieron y crecieron también otros héroes y personajes legendarios que hoy, gracias a la sequía creativa del Hollywood más comercial, ven la luz en el cine al haberse convertido el cómic en una de sus principales fuentes de hacer dinero.

El personaje de Solomon Kane vio por primera vez la luz en las páginas de la revista Weird Tales (la misma en la que publicó muchos de sus cuentos el maestro de Providence H.P. Lovecraft, por ejemplo) en 1928. Desde entonces ha visto algunas reediciones por todo el mundo pero nunca antes había sido llevado a la gran pantalla. El encargado de hacerlo ha sido Michael J. Bassett, responsable de la interesante “Deathwatch”, híbrido de cine fantástico y bélico que también pasó en su día por el Festival de Sitges.
Solomon Kane es, centrándonos únicamente en la película, un guerrero que capitanea a un grupo de hombres en asaltos a ciudades y otras aventuras en busca de tesoros, sin importarle si quienes los guardan son gente de bien o espantosos hechiceros. Un día descubre que sus acciones le están abocando al infierno y, decidido a redimirse, abandona esa vida y se recluye en un monasterio. No obstante, los clérigos, siguiendo los designios del Señor, optan por expulsarle de allí para situar a Solomon Kane en una encrucijada moral en la que decidirá poner sus habilidades al servicio del bien.

El resultado es el de una película de aventuras al estilo sword and sorcery muy vistosa pese a su bajo presupuesto. No aparecen en ella grandes estrellas aunque sí tienen pequeños papeles los veteranos intérpretes Pete Postlethwaite y Max Von Sydow. Tampoco hay un gran despliegue de infografía, al contrario, ésta se encuentra muy repartida en el principio y el final del film dejando toda una parte central en la que la acción recae única y exclusivamente en las peleas y combates que el protagonista establece contra la siniestra horda que ha invadido el mundo.
Aunque la historia de Solomon Kane se sitúa en un período posterior, toda la ambientación nos remite a una edad media en la que ya conviven el acero y la primeras armas de fuego. Esto añade un grado adicional de imaginación a los combates en los que Solomon Kane interviene, siempre muy físicos y sin escatimar en brutalidad para mantener al espectador constantemente pendiente del cuestionable pasado de Solomon.
El film se beneficia además de una ambientación fría y gris al desarrollarse toda la historia en parajes helados donde nieva constantemente. Ruinas, aldeas y castillos parecen haber sido abandonados hace tiempo en un enorme yermo donde hace tiempo que la luz desapareció. Sin necesidad de recurrir a sortilegios ni a entradillas con texto en sobreimpresión, la atmósfera creada por los responsables del film es suficiente para hacernos entender que son tiempos muy oscuros.

Solomon Kane no pasará a la historia de las películas de aventuras en un puesto destacado pero se le deben reconocer al menos una apuesta sincera por una forma de hacer cine que huye del efectismo que impregna todos los productos de este estilo que nos llegan desde Hollywood desde El señor de los anillos. Además puede presumir de tener al menos un par de secuencias de gran intensidad como son la de la crucifixión y la que se desarrolla en la iglesia con aquél sótano lleno de criaturas.
Ni “Dungeons and dragons”, ni “Eragon” ni “Dragonheart”, etc,… consiguen con sus grandes presupuestos la mitad de lo que logra Solomon Kane con el suyo.
Y eso que tampoco es gran cosa.
Lo mejor: Que no se lo hayan jugado todo con los FX
Lo peor: Que su reparto sea tan poco atractivo
publicado por Javier Paez el 14 octubre, 2009

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