El resultado es una de las mejores películas de ciencia-ficción de los últimos tiempos, con una idea de partida brillante

★★★★☆ Muy Buena

El Distrito 9 es un oscuro rincón del alma humana. Un gueto sucio y maloliente donde salen a la luz nuestros peores defectos, la capacidad para mirar hacia otro lado en presencia de injusticias, nuestro miedo y rechazo hacia lo diferente, nuestros egos más salvajes, nuestra hipocresía, nuestra innata capacidad para mentirnos a nosotros mismos haciendo que nuestra vida sea más fácil. Yo y mi yo y mi familia estamos bien… cada palo que aguante su vela y si hay quien lo tiene jodido y sufre miserias, algo habrá hecho.

Todo esto se encuentra en el Distrito 9, en Johannesburgo, en donde el racismo se mueve en el aire a golpe de orden militar. Ellos nos quitan nuestra tierra, comen nuestra comida y se mezclan con nuestras nobles familias intentando imponernos su sucia cultura. Aún así, hacemos de tripas corazón y por pura bondad, los acogemos, les damos un agujero lugar donde vivir y los tratamos condescendientemente, mientras seguimos dando fuste a nuestra raza robándoles su tecnología, a ver si encontramos nuevas formas de darnos por saco.

Podría ser un documental de algún país actual, algún pueblo maltratado y algún drama que los telediarios se han olvidado de incluir en portada para que no nos perdamos la nueva declaración sesuda de CR9, pero se trata de ciencia ficción. El Distrito 9 alberga un puñado de alienígenas que no son capaces de poner a volar su nave y salir de este planeta tan repleto de odio y el tono documental se centra en un tipo odioso, el típico pelota, arribista y con familia política adinerada que no ve mucho más allá de sus propias narices. Un pequeño ejemplo de nuestra peor cara que se enfrentará a su peor miedo: sentirse diferente y rechazado por los que le rodean.

Neill Blomkamp, conoce bien el percal porque ha nacido y se ha criado en la ciudad sudafricana en la que se sitúa la escena. Lo plasmó en un corto en su día, luego conoció a otro visionario, Peter Jackson y le convenció para llevar su cortometraje a la larga duración y regarlo con muchos dólares. El resultado es una de las mejores películas de ciencia-ficción de los últimos tiempos, con una idea de partida brillante, un enfoque que encaja a la perfección y una última parte del guión, cuando ya se han desarrollado todas las ideas que plasmó en el corto, en donde el género se le resbala hacia la película de acción futurista, quitando algo de brillo a un producto que podía haber sido inolvidablemente perfecto.

Y no sólo descubrimos a un tipo que podría traernos grandes alegrías en el mundo del cine detrás de las cámaras, sino a otro que puede traérnoslas delante de ellas. El actor Sharlto Copley, que hasta ahora sólo había actuado en el citado corto de su amigo, está inmenso en ese retrato del trepa, cobarde, condescendiente y simple Wikus Van De Merwe. Un papel con tantos matices que es capaz de llevarnos del odio a la compasión en sólo un par de planos. Ya se lo rifan (y no me extraña) y entrará en Jolibú encarnando al loco Murdock del Equipo A en el remake que se está preparando.

Tras el verano, empiezan a llegar las propuestas interesantes y las citas imprescindibles. Que no se deje asustar el que mire a la ciencia ficción con una mueca de disgusto en la cara. Estamos ante un guión más real que muchas de las tramas políticas que nos traen las grandes productoras de Hollywood… sólo que el drama ha venido de algo más lejos.

Y si la parte de acción no os convence del todo y os hace salir con un poso agridulce, volved al verdadero mensaje de la película, a la sensación de desolación que produce su primera parte y a un final poético y cargado de buenas intenciones. Esas buenas intenciones que no suele haber en los altos dirigentes y las grandes empresas.

publicado por Heitor Pan el 8 octubre, 2009

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