El peligro de muerte como rutina

★★★☆☆ Buena

The hurt locker

   En los ochenta siempre que un personaje relataba su experiencia en combate era porque había estado en Vietnam. La jungla del sureste asiático se convirtió en todo un filón sobre el que ambientar historias de camaradería entre soldados, rescate de prisioneros o matanzas diversas. Films tan distintos entre si en su planteamiento e intenciones como “Apocalypse now”, “El cazador”, “Los chicos de la compañía C”, “Rambo” o “Desaparecido en combate” sirvieron para recordar a los estadounidenses, y ya de paso al resto del mundo, que a miles de kilómetros de Nueva York muchos de sus compatriotas se dejaron la vida en una guerra innecesaria (¿alguna lo es?).

   En la primera década del año 2000 la guerra más cinematográfica es la de Irak. Sin embargo, en esta ocasión el conflicto no está sirviendo para crear héroes de acción que sufrieran los rigores del combate pero surgieran de él como supersoldados capaces de aniquilar ellos solos a todo un ejército. Imbuidos de un excesivo sentido de la responsabilidad todas las películas ambientadas en dicha guerra están siendo muy críticas y llenas de mensaje. Para ejemplos ahí van unos cuantos: “Jarhead” y la inutilidad de la infantería en la guerra moderna, “Redacted” y como el escenario de un conflicto bélico es el mejor para llevar a cabo y ocultar un crimen horrible, “La batalla de Hadiza” y como el mejor entrenamiento no te prepara para un conflicto en el que los civiles son el enemigo, “La sombra del reino” y la reducción de los motivos supuestamente humanitarios de una ocupación al ojo por ojo,…

  

   “The hurt locker” cuenta la historia de un artificiero del ejército americano que, después de muchos meses prestando servicio en Irak, se ha vuelto incapaz de regresar a su casa para llevar una vida normal con su mujer y su hijo.

   Kathryn Bigelow, directora de “Le laman Bodhi” y “Dias extraños” entre otras,  utiliza “The hurt locker” para reflexionar acerca de los efectos psicológicos que tiene un conflicto de estas características en los soldados y, especialmente, en aquellos jóvenes que se juegan la vida cada día en las calles.

   La película está narrada en un tono cercano al documental aunque prescindiendo de entrevistas o de personajes hablando directamente a cámara. El constante uso de la cámara en mano, especialmente en los tiroteos y en las secuencias de desactivación de bombas hacen que el espectador se vea inmerso en la acción haciéndole partícipe del riesgo que corren en todo momento.

 

   El film arranca con una primera secuencia tensa y espectacular en la que el veterano artificiero que interpreta Guy Pierce es víctima de una trampa, quedando patente así hasta que punto esos profesionales de la desactivación se la juegan en cada una de sus misiones. También sirve esa secuencia para dejar claro que en Irak da igual que seas un intérprete famoso porque puedes morir en cualquier momento y, de hecho, tanto Guy Pierce como Ralph Fiennes, las dos estrellas del reparto, apenas duran unos minutos. No se trata de cameos. Son un forma de llamar la atención sobre el espectador; no importa quien seas, ni tu rango, ni tu edad. En Irak, el paso de la vida a la muerte se puede dar en cualquier momento, al cruzar una esquina, al detenerte ante un semáforo o al acercarte a un puesto de venta ambulante.

   En la película hay dos secuencias en las que vemos hasta donde son capaces de llegar los resistentes irakíes (o terroristas, llámalos como quieras) con tal de atentar contra los soldados desplegados allí. Obligando a un hombre de familia a vestir un traje repleto de explosivos y, más horrible aún, matando a un niño para poder introducir dentro de su cuerpo una bomba trampa para los militares americanos. Si esa gente es capaz de un atrocidad semejante, ¿cómo pueden mantener la cordura los soldados que deben pisar ese mismo suelo y respirar ese mismo aire a diario?

 

   No se trata de un film excelente pero es sin duda un film necesario. Y aunque se pueda hacer raro encontrar una película como ésta en un festival especializado en cine fantástico me voy a permitir parafrasear al propio director del festival durante su presentación de la película: “hemos querido tenerla en el festival porque es una película de guerra que da miedo y es una película de guerra que parece de ciencia ficción”.

Lo mejor: Las secuencias de desactivación
Lo peor: La indecisión en el tratamiento documental
publicado por Javier Paez el 7 octubre, 2009

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