Splice

   Uno de los clichés del cine de ciencia ficción es el del mad doctor. Cuando un científico decide llevar demasiado lejos sus investigaciones y traspasa la barrera de la ética más fundamental, los experimentos acaban por escapársele de las manos y los resultados suelen dar lugar a una catástrofe. Un mad doctor no tiene inconveniente en saltarse las normas establecidas, en mentir sobre la naturaleza de sus investigaciones, en cometer ilegalidades para poder llegar más lejos e incluso de acabar de forma drástica con aquellos que husmean más de la cuenta.

   Buenos ejemplos de mad doctors los tenemos en el mítico hombre invisible de H.G. Wells pero también en su más reciente adaptación al cine, “El hombre sin sombra”. También en el Herbert West de “Re-animator” o en algunos villanos de cómic como el Dr. Octopus, por mencionar algunos.

   Otra cosa son aquellos científicos que, llevando una conducta intachable y manteniendo el máximo rigor en sus experimentaciones acaban siendo víctimas de un error de cálculo, de un sabotaje o hayando algo terrible por simple casualidad.

 

   Los protagonistas de Splice son una pareja de bioquímicos que trabajan en la creación de una criatura híbrida de diversos animales que les permita sintetizar una determinada proteína. Son buenos empleados de su compañía y mejores compañeros para sus subordinados. Son, en definitiva, una pareja de científicos brillantes.

  Pero también son humanos…

  Así que, cuando el laboratorio les insiste en que abandonen su apasionante proyecto para concentrarse en una producción anodina que destruye su ambición, comenzarán a plantearse la idea de continuar adelante por su cuenta y, como no puede ser de otro modo, sus avances en la combinación de ADNs para conseguir un nuevo híbrido les llevarán hasta una situación imposible de controlar.

 

   Debo admitir que, hasta el momento, “Splice” supone la mayor decepción de todas las películas que he visto en Sitges este año. No porque sea una mala película, pues es mediocre pero no mala, sino porque viniendo de quién viene esperaba bastante más.

   Vincenzo Natali es el director canadiense que hace ya unos cuantos años nos planteó el laberinto más original y mortal que habíamos visto nunca en pantalla grande. Un puzzle de piezas cúbicas de dimensiones 3x3x3 en el que personajes, aparentemente al azar, eran arrojados viéndose obligados a unir esfuerzos para encontrar la salida. Estoy hablando, por supuesto de “Cube”. También es el director de esa pequeña joya casi desconocida llamada “Cypher” que combinaba una historia de ciencia ficción original sobre realidad virtual con una forma visual innovadora y atractiva.

   Nada de esto hay en “Splice”. Su trama se desarrolla como se espera desde el primer momento y el espectador no tendrá problema alguno en ir anticipando qué sucederá a continuación. Además, su hibridación genérica hace aguas y aunque se va pasando de la ciencia ficción al terror, la película funciona mejor en su primera mitad que en la segunda donde se recurre de forma continua a los lugares comunes del género. Incluso el epílogo final que busca un golpe de efecto al convertir al investigador en sujeto de estudio ya lo vimos y con un resultado mucho más espeluznante en “La mosca 2”, por ejemplo.

   Aunque el trasfondo de la película podría abrir un debate sobre la utilización o no de la ingeniería genética como medio para tratar y curar enfermedades, esta trama del film desaparece rápidamente para tomar las riendas en su lugar el planteamiento de una “monster movie” atípica y con cierto sentido del riesgo pero que, en definitiva, no va mucho más allá de lo mostrado en otras tantas películas anteriores que parten de ideas parecidas.

 

   Como puntos fuertes del film destacaría las interpretaciones de su dúo protagonista, Adrien Brody y Sarah Polley, llamando especialmente la atención la segunda por la gran variedad de registros por los que pasa su personaje a lo largo de la película. También son dignos de mención la secuencia de créditos iniciales que recuerda un poco a la de “El club de la lucha” así como, por supuesto, la inquietante criatura que surge de las investigaciones de los personajes protagonistas y que se encuentra a caballo entre la que vimos en “Species” y “Jeeper Creeper”. Bueno, entre esas dos y un canguro…

Lo mejor: La criatura
Lo peor: Se desarolla de forma típica
publicado por Javier Paez el 7 octubre, 2009

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