Y efectivamente la pobre se pierde en esta suerte de thiller de misterios con niños inquietantes. El subgénero de niños endemoniados siempre ha sido uno de los favoritos del cinéfilo medio desde su gestación (La semilla del Diablo) a su más tierna infancia (La Profecía por citar alguno) y por desgracia el Expediente 39 no llega ni de lejos a resultar interesante en comparación con otros productos semejantes.
Emily Jenkins es una trabajadora social que recibe en su apretada agenda de trabajo un caso más, el número 39 que le lleva a conocer a una inquietante familia que parece maltratar a su única hija. Ella es retraída, pero pronto le confiesa que su familia la quiere matar así que la pobre mujer decide intervenir de forma rotunda y acaba con la “criaturita” en casa pero pronto descubrirá que la idea inicial de sus padres no era tan mala después de todo.
La cinta carece de entidad, sus personajes erráticos hacen perfecto juego con su guión inexistente e incluso Bradley Cooper (con lo bien que me cae este chico) está perdido en la inmensidad de la inexperiencia de su director novato.
Lo mejor: Su colaboración a reciclar las películas de sobremesa de Antena 3.
Lo peor: 110 minutos de los 111 que dura.
