Si algo podemos comprobar con Si la cosa funciona, su nueva película, es que Nueva York es el ambiente en el que mejor se desenvuelve. Y que la comedia es su género natural. Un humor a su estilo, por supuesto, con personajes estrambóticos, intercambios de frases ingeniosas y teorías filosóficas que bordean la paranoia.
Las relaciones de pareja vuelven a someterse a análisis bajo el irónico ojo clínico del neoyorquino. En este caso, Boris Yellnikoff (Larry David), un misántropo que acaba de intentar suicidarse y está convencido de ser un verdadero genio, cuenta a los espectadores su propia historia, que demuestra que el amor es una cuestión de "si la cosa funciona…" Una noche aparece en su vida una ingenua chica recién llegada a la ciudad que cambiará su vida.
Comedia ligera y sin mayores pretensiones que nos permite volver a ver el perfil de los rascacielos, la estatua de la libertad y Times Square en la gran pantalla desde la óptica particular de Allen. Con diálogos divertidos (buenísimo en el que sale a luz la teoría de que Dios es gay), es posible que no pase a la historia, y que no sea la mejor cinta del director de Manhattan. Pero cuánto me alegra que haya recuperado su vertiente neoyorquina y cómica.
