Un ex violonchelista desempleado busca por necesidad ocupación en una funeraria en cuya relación con la muerte encontrará paradójicamente la chispa que le faltaba a su vida. Oscar extranjero obtuvo este drama cargado de poesía y simbolismo.

★★★★☆ Muy Buena

Esta cinta nipona que obtuvo el Oscar a mejor película extranjera hace solo unos meses tiene a su favor una trama inusual y poco conocida para occidente pero que a la vez puede también desencantar a distraídos espectadores que no se concentren en sus variados simbolismos.  Todo comienza con un espectacular concierto donde el financista de dicha agrupación les informa a los músicos que ésta se disuelve por falta de recursos. Uno de los artístas es Daigo que no lo puede creer y esta tan angustiado que va en de inmediato a vender su Violencello y decide regresar con la bendición de su esposa a su ciudad natal y comenzar de nuevo donde están sus raíces. Arrastra algunas problemáticas relacionadas con el abandono de su padre a corta edad y el no haber estado cuando su madre enfermó y falleció.

Atormentado e inseguro de sus talentos, una vez instalado en su nuevo hogar, decide buscar trabajo en el periódico encontrando un aviso que parece ser de una  agencia de viajes. Pero nada más alejado del placer es el trabajo de viajes que es al más allá, en una funeraria dirigida por el experimentado dueño. A pesar de su resistencia y vergüenza inicial, le enseñara los secretos del trabajo de Nokan- persona que prepara a los difuntos para que descansen en paz-. En un inicio Daigo no le convence su nueva ocupación por lo que la mantiene en secreto, hasta para su misma mujer.  Este personaje sigue en búsqueda de respuestas que a veces ve cierto paralelismo con los salmones que nadan en contra la corriente buscando su propia muerte asunto que le hacen reflexionar y seguir en su duro oficio en su retorno a sus hogar.  Mucha poesía y una reflexión entre la vida y la muerte, sus paradojas es lo que presenta la cinta de Yôjirô Takita. La cual tiene  un arranque poderoso que atrae pero que se torna un poco monótono en el medio cerrando con un final al tope mostrando al personajes central movido por la fuerza del destino que le tiene deparado algunas sorpresas situándolo que el ritual con el objeto de reencontrarse consigo mismo y el pasado familiar. Encuentra en este rito de muerte la chispa vital que le faltaba a su propia vida otorgándole sentido en medio del dolor ajeno.  

A veces con un sútil humor, algo raro es este tipo de registro, y respeto al dolor, se desarrolla esta realización con muchas secuencias notables que incluyen por cierto música clásica y una fotografía destacada en los cerrados lugares donde se desarrolla la trama. La cinta en si es profunda pero muy sencilla en su propuesta entregando una pausa a este ritmo de vida tan rápido que a veces nos siega de lo fundamental.  El actor protagónico Masahiro Motoki esta notable y  presente en casi todas las escenas. La cinta cuenta además con un apoyo de un excelente grupo de actores secundarios que enriquecen un relato de un guión bien desarrollado  y con acertada ejecución interpretativa cuyos resultados están a la vista.        

publicado por David Lizana el 30 junio, 2009

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