Sin que en modo alguna suscite entusiasmo entre la legión de seguidores del sci-fi, Terminator Salvation no es una mala película del todo. Sorprende por su impecable factura visual. Y ya está. En eso queda el genio de McG: en la pirotecnia.

★★☆☆☆ Mediocre

En cierto sentido, Terminator Salvation supera las expectativas que crea la emisión de una cuarta parte de toda franquicia. Y aun superando esas espectativas, defrauda. McG entiende que la saga necesita un revisado que, en modo alguno, empañe la labor acometida por Cameron en las dos primeras entregas. Obvia casi por completo la trama de la tercera, a pesar de que los guionistas de ésa sean los encargados de tirar de la cuarta, y decide colocar sus piezas en un paisaje muchas veces insinuado en la sustancia narrativa de todas ellas. Las supera porque no esconde su operística vocación de paradigma del cine de acción y, al tiempo, plantea un discurso pasajeramente profundo sobre el alcance del progreso y de cómo el apocalipsis de extendida tradición cristiana podría prescindir de arcángeles y de anticristos y sencillamente provenir de la maraña hipertrofiada del cerebro humano. ¿Sumamos ínfulas de matafísica y musculación infográfica y tenemos una buena película? No, me temo. Terminator Salvation se despeña en lo narrativo: todo es previsiblemente sencillo, nada emociona, los diferentes hilos de la narración jamás consiguen un clímax. La parte de cuento, que debiera guiarlo todo, se abisma en la parte visual, y ahí es en donde podemos rebajar el enfado de fans de las dos primeras entregas y considerar que algo salvable queda. Terminator Salvation se desembaraza de toda elocuencia: su hondura es eventual; su construcción plástica de ese apocalipsis satisface al observador neutro y al que tiene en su cabeza un mapa exacto del caos que viene después del exceso, pero aturde a quien inclina su voyeurismo apocalíptico, su querencia al sci-fi mastodóntico de Hollywood, al sostenimiento de una historia, y aquí (esto es lo verdaderamente doloroso) la hay a ratos, según vuele el óxido cósmico por el plató o por la cabeza de este Michael Bay sensible (si es que eso puede ser posible) que ha querido, más que redondear un producto palomitero, limar las asperezas fonéticas que su alegre nombre (Mac Yi) amasa en su no muy extensa carrera. Fría como un sueño de Asimov, excesivamente confiada a la contundencia plástica, Terminator Salvation tiene un desarrollo confuso y un desajuste absoluto entre el libreto de diálogos de los actores, que tampoco dan equilibrio dramático a unos personajes vacíos y poco emotivos, y la pantagruélica concatenación de imágenes de impacto que perla todo el metraje y en la que fundamenta toda posible afinidad a su propuesta. TS es un blockbuster formidable: un pelotazo en taquilla y un éxito asegurado en las estanterías de los videoclubs. Será (imagino) la descarga más importante de junio y será una referencia absoluta en ediciones blu-ray. A mí, en particular, amante del fantástico, me ha parecido un añadido que, sin entrar en la inconveniencia, tampoco renueva el género ni eleva las ya altas cotas de las dos primeras entregas.
Lo mejor: La fotografía, la contundencia visual, la continua sensación de estar asistiendo al mejor cine palomitero posible.
Lo peor: El guión. La involucración de los actores (plana) salvo el recién llegado Worthington, que es un actor a considerar. (Avatar ya en puertas...)
publicado por Emilio Calvo de Mora el 23 junio, 2009

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