Por una serie de circunstancias, Bolt acabará saliendo de su burbuja de fantasía y tendrá que convivir en el mundo real, con todas las limitaciones que ello supone. Pero hay un problema, Bolt no llega a vislumbrar la diferencia entre ficción y realidad, lo que le llevará a caer en más de una situación divertida. Por el camino, se topa con dos compañeros de viaje, una gatita vagabunda llamada Mittens –será la única con un mínimo de cordura– y un hámster fanático de la serie Bolt –este peculiar freak que ha creado un microcosmos dentro de su bola de plástico otorgará los momentos más desternillantes de la película–; los tres se embarcaran en un auténtico camino para el conocimiento, en la meta encontrarán una serie de respuestas a las preguntas que llevaban mucho tiempo dándole vueltas.
En el guión encontramos atisbos de ingenio, buen humor y una historia dentro de los cánones de Disney pero que seguro ilusionará a los más peques y entretendrá a los mayores. Del final de la historia mejor no hablar, se trata de una película de Walt Disney, un mundo donde todos los sueños se cumplen, no esperen nada sorprendente.
Lo mejor: Su inicio adrenalítico y el hámster friki.
Lo peor: El final
