Apelo a su espíritu ochentero y quiero que tarareen conmigo el martilleante ritmo musical de su banda sonora: Tum Tum Tum Tum Tum Tum. Oye, los pelos como escarpias.
Y es aquí donde Terminator engancha a toda una generación de seguidores, legiones que disfrutaron con Sarah Connor como heroína y revivieron la trasformación de “Chochi” de malo malísimo a niñera en apuros, los que observamos los efectos especiales crecer desde los animatronics de Cameron hasta llegar al terrible T1000,… y aguantan estoicamente minutos y minutos de acción desmedida sin preocuparse mucho del engranaje que lo mueve.
Sam Worthington es una proeza de la ciencia y, pese a su no conciencia de lo qué es y un sentimiento demasiado redicho de redención, se convierte en la piedra angular de esta innecesaria pero bienvenida fantasía futurista robando protagonismo y planos al mismísimo Bale que parece dispuesto a convertirse en todos los héroes del cine actual.
Nos encontramos pues ante cine espectáculo para llenar multisalas pero los fans de toda la vida requieren un poco más de mimo y por tanto pueden ser los más perjudicados de esta apuesta por el CGI de McG. Apuesta arriesgada y algo chapucera que en ocasiones consigue que parezca más una película de Transformers que Terminator. Apuesta por recrear un Terminator que nos es familiar y que incluso arranca algún aplauso del público, la imagen del mal que aparece por primera vez en pantalla a falta de diez minutos para terminar la cinta.
Y es que si hay algo que se le pueda echar en cara al plantel de guionistas es que Terminator 4 no tiene un malvado de verdad, sólo pequeños conatos en forma de montañas de metal con metralletas mortíferas y con escalofriante mala puntería. Skynet se vuelve tan etérea en este ir y venir de nuevas máquinas que no conseguimos centrar nuestro odio en ninguno de sus productos divagando en esa dicotomía entre un Connor algo soseras y un nuevo y efímero Marcus Wright que se acaba llevando el gato al agua como lo mejor del filme.
Un ejercicio caro y decepcionante.
Lo mejor: Los guiños a la saga original, la cancioncita, la gasolinera, e incluso la buena intención del último enfrentamiento.
Lo peor: Renunciar a la estructura clásica para convertir la cinta en una aventura a dos bandas sin un buen malvado.
