Puede que no esté a la altura de las dos primeras entregas de la saga, pero desde luego le pega mil patadas al horrible engendro pergreñado por Jonathan Mostow hace seis años.

★★★☆☆ Buena

Con esta película he pasado por varias fases: del escepticismo (por no decir mosqueo) al enterarme de que McG ("Los ángeles de Charlie") iba a ser su director, al entusiasmo ante sus primeras imágenes, que prometían un espectáculo impresionante, al bluff ante las primeras y muy negativas críticas. Y es que quien esto suscribe es fan acérrima del universo Terminator, y ya había salido más que trasquilada después de ese horror que fue "Terminator 3: La rebelión de las máquinas". No obstante, a pesar de las reticencias con las que fui al cine, resulta que "Terminator Salvation" es una buena película. Puede que no esté a la altura de las dos primeras entregas de la saga, pero desde luego le pega mil patadas al horrible engendro pergreñado por Jonathan Mostow hace seis años.

Obviamente, McG se apoya sobre todo en una orgía de efectos especiales difícilmente superable: a lo largo de sus 115 minutos de metraje se nos presentan todo tipo de nuevos modelos de Terminator, desde los clásicos esqueletos metálicos en formas más o menos avanzadas, a motos Terminator (que, personalmente, me encantaron). Eso sin contar las innumerables explosiones, persecuciones y tiroteos, todo lo cual hace que "Terminator Salvation" no tenga nada que envidiarles a sus predecesoras en cuanto a ritmo y acción se refiere. Además, la fotografía de Shane Hurlbut otorga a la película una imagen feísta, muy al estilo del primer "Mad Max" (especialmente durante el encuentro de Marcus, Kyle y Star con los habitantes de la gasolinera), lo que ayuda enormemente a crear un clima auténticamente post-apocalíptico.

El problema de "Terminator Salvation" son en realidad tres. El primero, y más evidente, es la falta de un villano definido, corpóreo, al que los héroes se puedan enfrentar. Vale que Skynet sigue siendo el gran villano de la historia, pero, frente a malos tan carismáticos como el T-800 o el grandioso T-1000 de "Terminator 2: El juicio final" (incluso la T-X de "Terminator 3"), el hecho de que no le veamos el pelo al malo durante toda la película desluce mucho la historia.

Segundo problema: el guión es francamente flojo. Durante la primera media hora de película, más o menos, no hay un argumento definido, no sabemos ni qué pretende Skynet, ni qué están haciendo los miembros de la Resistencia, ni qué es lo que está haciendo Marcus. El espectador se pierde, y para cuando deciden aunar historias han quedado demasiadas cosas sueltas que se explican poco y mal. Eso por no mencionar que hay personajes, como Kate Connor, la mujer de John, o el soldado Barnes, que están desaprovechados de manera flagrante. Una no sabe exactamente qué pintan por allí, especialmente en el caso del personaje de Bryce Dallas Howard, que perfectamente se podrían haber ahorrado y nadie lo hubiera notado lo más mínimo.

Pero el tercer y mayor problema es uno: no está Schwarzenegger. El austríaco es un tipo enormemente carismático, que siempre ha sabido qué hacer con los personajes que ha interpretado, haciendo de ellos en más de un caso (Conan, el propio T-800) un icono de su género. Una película de Terminator sin Schwarzenegger está coja, huérfana, le falta una parte que no se puede sustituir de ninguna manera. Quizá sea por eso que la escena más aplaudida de la película sea, sin duda, el cameo del Governator, no por esperado menos sorprendente (y excelentemente elegido, he de decir).

En contraposición a todo esto, "Terminator Salvation" se beneficia, además de lo antes mencionado, de una importante baza: Sam Worthington. El australiano, un virtual desconocido hasta ahora, interpreta a Marcus Wright (un personaje que, el que no sepa lo que le pasa desde el principio, es que debe de estar viendo otra película) otorgándole un alma y una profundidad al personaje que ningún otro de los actores de la cinta consigue, por mucho que se esfuerce (¿eh, Christian Bale?). Worthington es, además, un actor con un carisma impresionante, lo que hace que el espectador se interese enseguida por su personaje, aún sabiendo qué es lo que va a pasar al final. Sin duda, en ese enfrentamiento que algunos han querido ver entre Worthington y Bale, el primero sale más que victorioso, mientras que el segundo, que interpreta a John Connor igual que a Batman, queda relegado a un humillante segundo puesto, algo que es visible incluso por la cantidad de metraje que McG dedica a uno y otro.
Lo mejor: Sam Worthigton; su espectacularidad y su falta de complejos ante la obra de James Cameron; su duración
Lo peor: Esos personajes secundarios que pululan por ahí sin saber qué hacer; ciertos aspectos del guión, absolutamente risibles
publicado por Judith Romero Ruiz el 7 junio, 2009

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