Una vez más, seguiremos teniendo que contentarnos con imaginar lo que pudo haber sido y no fue.

★★★☆☆ Buena

Tal y como yo pensaba, con “Watchmen”, la película, se ha cumplido una norma insalvable de las adaptaciones: el tan temido síndrome “me-quedo-a-medias”. Y es que el cine, por su propia naturaleza, es incapaz de plasmar la complejidad de una obra como la novela gráfica del tándem Moore & Gibbons. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que “Watchmen” sea una mala película, o incluso una mala adaptación. Pero vayamos por partes.

Desde el punto de vista más comercial, si se le quiere llamar así, “Watchmen” es una película de superhéroes más o menos correcta, sin llegar, por ejemplo, a los niveles de “El Caballero Oscuro”, pero tampoco sin caer en el esperpento de cosas como “Spider-Man 3″. Snyder ha acentuado considerablemente la acción (quizás demasiado para mi gusto en según qué escenas, y estoy pensando por ejemplo en toda la secuencia del incendio), lo que resulta comprensible si pensamos que la película ha tenido unos costes de producción bastante elevados, y que Warner aspira a atraer a los cines a algo más que a los fans de la novela gráfica original, con vistas a convertirla en un gran éxito comercial. Puede que no guste a los fans más irredentos, pero es lo que hay, y cualquiera con dos dedos de frente comprenderá esta decisión.

El problema llega cuando comprobamos que, como era de esperar dado el argumento que hay, las escenas de acción no son tan abundantes como la publicidad pueda hacer pensar a los profanos a la obra de Moore & Gibbons, y ahí es cuando salto al segundo problema fundamental de la película: su incapacidad para plasmar la profundidad del original. A pesar de una fidelidad casi maníaca a su fuente, especialmente al principio, Snyder no puede captar el clima de tensión política (aunque esto se intenta), angustia vital y degradación moral que eran los principales pilares que sostenían la novela gráfica original. Por muchas referencias que haya al conflicto entre USA y la Unión Soviética, a pesar del respeto al extraordinario monólogo de Rorschach sobre la corrupción moral al principio de la película, Snyder no pasa de mostrarnos a unos personajes que, o bien están amargados (como el Búho Nocturno), o bien simplemente adolecen de una amoralidad sin límites (como el Comediante, personaje con el que es imposible empatizar de ninguna forma, y cuyos aspectos más o menos positivos reflejados en la novela gráfica son absolutamente pasados por alto para mostrarnos a un tipo que, lisa y llanamente, merece morir por sus actos), o, como en el caso de Rorschach, es reflejado como un psicótico traumatizado por su pasado. Y, aunque algunos de esos aspectos aparecen en la novela gráfica, Snyder, a diferencia de Moore, es incapaz de hacer que el espectador vea más allá de esa mera superficie y entre en el análisis del hombre tras la máscara.

Probablemente los personajes que peor parados salen de esa superficialización de la trama son, precisamente, los personajes femeninos: Sally Jupiter, la primera Espectro de Seda, queda reducida a tres o cuatro escenas de escasa relevancia, sometida las más de las veces a las inclemencias de un maquillaje envejecedor francamente horroroso; el caso de la hija, Laurie, es casi peor: directamente se convierte en “la chica de la película”, cuyo único cometido a lo largo del metraje parece ser ablandar a unos y otros, perdiendo toda la carga dramática de alguien que, en el cómic, odia su condición de heroína enmascarada, heredada por obligación, que le impide llevar la vida normal que desearía.

El problema de esa banalización es que tampoco es tal: la película intenta reflejar posturas, actitudes y expresiones que están considerablemente cercanas al original (sin ser, en absoluto, iguales), pero radicalmente alejadas de la típica película “comiquera”, con lo que el espectador profano a la obra puede encontrarse en dos situaciones: 1) que sea una persona adulta que pueda comprender la faceta “humanizante” de la película, pero se pierda en la densidad de la trama; o 2) que sea un típico y tópico espectador adolescente (que básicamente es el target al que la publicidad parece estar dirigiéndose), con lo cual, salvo contadas y muy honrosas excepciones, sea incapaz de entender por qué los héroes no se dan más leches, por qué no hay un villano definido durante el 90% de la película, o por qué éste (que, al fin y al cabo, tampoco es tan villano, sino un tipo maquiavélico en el sentido más correcto de la palabra: el fin justifica los medios, no lo olvidemos) no paga las consecuencias de sus actos. Eso por no hablar (y puedo hablar por experiencia: lo sufrí durante toda la proyección) de la constante hilaridad que provoca el “naturismo” del Dr.Manhattan (y es que reconozco que nunca pensé que los americanos serían capaces de mantener a un personaje desnudo durante tanto tiempo en pantalla; chapeau en ese aspecto para Snyder por su atrevimiento). Ahí, precisamente, es donde radica el problema de base de “Watchmen”: han querido hacerla accesible para el público más juvenil (que, al fin y al cabo, son los que más van al cine en USA), pero sin renunciar del todo a sus aspectos menos marvelianos, con lo cual demanda del espectador una madurez que, en general, éste no va a tener, con lo cual va a tener una sensación de coitus interruptus aún más grande que la del pobre Dan Dreiberg en su primer encontronazo con Laurie Jupiter.

En fin, que “Watchmen”, la película, es entretenida, trepidante espectacular y con momentos magistrales (estoy pensando en esos títulos de crédito que nos muestran tanto la historia de los Minutemen originales como los disturbios pre y post acta Keane, al ritmo de “The times they are a-changin’”, de Bob Dylan: simplemente extraordinarios, probablemente el mejor inicio de una película en años), que, pese a durar casi 3 horas no se hace nada pesada, y que, a pesar de los aspavientos de Alan Moore (que, recordemos, ha hecho quitar su nombre de los títulos de crédito), es probablemente la mejor adaptación al cine de una obra suya. Es todo eso, sí, pero también la última (y lamentable) constatación de que el cine nunca será capaz de plasmar toda la complejidad del alma humana, reduciéndola simplemente a estereotipos maniqueos, y de que, una vez más, seguiremos teniendo que contentarnos con imaginar lo que pudo haber sido y no fue.

Lo mejor: Los títulos de crédito, simplemente maravillosos; el ritmo, que no decae nunca pese a los altibajos de la película; Jackie Earle Haley, fantástico encarnando tanto a Rorschach como a Walter Kovacs
Lo peor: El cambio perpetrado, sin ninguna lógica, a las acciones de Ozymandias (la sombra del 11-S es alargada); la selección musical, que puede calificarse de hilarante en algunos casos, y de oportunista en otros; el “dopaje” de la mayoría de los personajes a la hora de las tortas (perdón, no me he podido resistir), quizás olvidando que el único que tiene superpoderes aquí es el Dr.Manhattan.
publicado por Judith Romero Ruiz el 29 mayo, 2009

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

Desde 2005 muchocine es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.