Ben Stiller ya no es un pobre hombre sin oficio ni beneficio. Finalmente tras su paso como guardia nocturno del museo de Ciencias naturales de Nueva York montó una empresa y ahora es un afamado emprendedor que revoluciona la teletienda. Pero todo cambia cuando recibe una llamada telefónica que le informa de que los fondos del museo serán retirados y almacenados en Washington, por eso decide ir a ver por última vez a sus amigos y acaba de nuevo en una aventura por la historia descubriendo que un museo puede ser más peligroso de lo que parece cuando te persiguen Cupidos cantarines y puedes saltar dentro de un cuadro.
Bastante más sosa y poco original que su primera parte noche en el museo 2 se limita a repetir lo que funcionó en su predecesora con menos gracia y más efecto especial (los años de diferencia lo permiten a fin de cuentas). Por eso la película reuma ese rancio olor a “hacer caja” sin aportar ni una idea original y quitando además cualquier tipo de elemento sorpresa. Mismos personajes y mismos problemas para el pizpireta Ben Stiller que esta vez ni se molesta en cubrir el expediente o cambiar la expresión de su faz en la hora y tres cuartos de metraje. Lo extenuante de toda esta sucesión de persecuciones, batallas, peleas y acciones es que pese a querer entretener al espectador acaban saturándolo y aburriéndolo hasta la extenuación en su butaca sin llegar a conectar en ningún momento.
No hay magia en este museo, o al menos la que había se ha acabado.
Lo mejor: Amy Adams le está cogiendo el punto a hacer un poco de todo sin despeinarse siquiera. Es el único punto refrescante de esta segunda parte.
Lo peor: Rancio, hasta para los más pequeños.
