Impactante resulta el modo en el que está rodado el film, agresivo, histérico e inquietante, a la par que sangriento y sin tapujos. Es precisamente ese conjunto de detalles lo que diferencia los directos a vídeo con las naderías para adolescentes que pasan por las salas de cine. La película encierra momentos verdaderamente enfermizos, grotescos y salvajes, no aptos para todos los gustos, y es que hay asesinatos que, además de originales, son de una brutalidad atroz.
No obstante, la falta de ritmo envuelve el producto final, en parte por un guión que, en bastantes ocasiones, no es más que un ir y venir de personajes y situaciones absurdas a más no poder. Y cuando menciono esto es porque hay situaciones que resultan ridículas de increíbles que son. Por contra, las apariciones del asesino son sorprendentemente buenas y elevan los puntos de inmediato, lo que no impide que la cinta, a pesar de interesante, no sea capaz de llegar al notable con suficiencia. Y la culpa de todo la tiene un vacío argumental alarmante que pone de manifiesto una incapacidad de narrar algo con coherencia cuando el psicópata no aparece en pantalla.
Una presentación demasiado televisiva pone la guinda final a un amargo pastel que, a pesar de todo, puede convertirse en una curiosa opción para el fan al cine de género cargado de tripas y salvajismo. Y, qué coño, es un slasher en condiciones… Y por si fuera poco, tenemos a una protagonista la mar de neumática, Bobbi Sue Luther, así como a Thomas Dekker y Lena Headey (los John y Sarah Connor de la genial y recientemente cancelada serie Terminator: The Sarah Connor Chronicles).
Un 6.
Lo mejor: La sangre, el diesño del asesino, y que da miedo en ocasiones. Esto la salva del mediocre.
Lo peor: Su enorme vacío argumental en más de un tercio del film.
