Tensión, agonía, confusión y pánico son los ingredientes que hacen de la última película de Sydney Lumet, una buena de suspense, pero no llega a la cota de peliculón.

★★★☆☆ Buena

Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke hacen las veces de dos hermanos que se meten en un buen lío al planear un robo con el negocio familiar de joyería de sus padres. La interpretación de estos actores es sublime, el primero haciendo las veces del hermano mayor Andy Hanson cínico y el segundo de un asustadizo e inestable Hank Hanson. Marisa Tomey cumple con su papel de mujer florero (Gina Hanson) de manera correcta y Albert Finney hace lo propio como padre de las catastróficas criaturas.

El esqueleto de la película se forma mediante saltos en el tiempo, clasificado por personajes, de manera que vemos el día del atraco (tanto lo que paso antes y pasaría después) desde varias perspectivas. Gradualmente todo se va complicando más y las cantidades de gritos, sudor, sangre, ojeras se van sumando por minutos a lo largo de la película. A pesar de ser un guión de libro, al film le falta un carácter épico para convertirse en una de las películas del año, ya que, aunque cumple en su género de thriller-suspense, no va más allá, así como que la manera en la que se desarrollan los hechos no sorprende al aficionado del género, al que se le hará como mucho entretenida. Sino fuera por la sobresaliente actuación de los dos hermanos protagonistas, faltaba con poner un George Clooney para hacer que esta película bajase al nivel de mediocre.

Ofrece buen cine pero va perdiendo su jugo a lo largo del tiempo, por lo tanto ir a verla antes de que el diablo sepa que esta película no merezca el paraíso cinéfilo.
publicado por Miguel Ruiz Manzano el 19 mayo, 2009

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