La película parece pensada con un solo propósito: borrar cualquier mal sabor de boca que pudiese haber dejado El bosque.

★★★☆☆ Buena

La joven del agua

Sin perder ni un ápice de su fuerte marca personal, La joven del agua (2006) representa un punto y aparte en la filmografía de Shyamalan, una cinta que recupera como ninguna ese “sense of wonder” tan habitual en la década de los 80, algo con lo que el director siempre ha impregnado su cine, pero nunca de manera tan explícita. Si a esto le sumas el tono infantil que desprende el filme, puede que La joven del agua recuerde otros títulos emblemáticos de aquella época como E.T., Mis maravillosos aliados o, ya que estamos en el tema acuático, Cocoon por ejemplo. Se hace evidente que juega en una liga menor que sus anteriores trabajos, pero una liga quizás más honesta. La joven del agua es un cuento de hadas que apuesta desde el primer instante y de forma inequívoca por la fantasía, incluso de manera un tanto exagerada, como una antítesis de la pretenciosa El bosque. En esta ocasión el juego metalingüístico lo pone la presencia de un crítico cinematográfico entre los personajes. Shyamalan, sintiéndose abiertamente despechado por este sector, responde con un par de escenas donde se efectúa el mismo tipo de malabarismo autoreferencial que tan buenos resultados dio en la saga Scream, y donde el crítico y su oficio salen bastante mal parados. La gran interpretación de Paul Giamatti, por su lado, se debilita en el momento crucial, pero no por culpa del actor. En todas las películas de Shyamalan existe un instante en que se da la oportunidad al protagonista de exorcizar sus demonios interiores, ya sean problemas matrimoniales o la muerte de los seres queridos. Pues bien, aquí, como ya ocurrió en Señales, ese momento carece de la fuerza que se le supone, probablemente porque la trama no le ha concedido la suficiente atención. Hacia el final, la película acaba con una escena filmada y coreografiada de manera magistral, una secuencia que, siguiendo de nuevo la tradición del cine fantástico de los 80’s, acentúa el tono sobrenatural de la cinta y parece pensada con un solo propósito: borrar cualquier mal sabor de boca que pudiese haber dejado El bosque.
Lo mejor: La propuesta en sí, el crítico y su mala suerte, y el carismático final.
Lo peor: Que gira demasiado la tortilla.
publicado por Cecil B. Demente el 16 mayo, 2009

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