Y es que las interpretaciones son muy buenas, con un Charles Bickford sobresaliente, un Joseph Calleia sinuoso y peligroso, y una Frances Dee (esposa en la vida real del protagonista, Joel Mcrea), bellísima y de gran importancia en la historia.
Pero también es muy destacable las extraordinarias y muy diferentes partituras musicales de Paul Sawtell, unas veces intimista, otras otorgándole una atractiva épica, como en las escenas del protagonista tratando de eludir a la Ley a lomos de su caballo por un desierto interminable, y otras de gran calado humano, de gran emotividad, utilizando coros masculinos y femeninos.
Otro dato a destacar es la preciosa fotografía en blanco y negro.En resumen, un excelente western, quizás no muy famoso, pero claro representativo del buen hacer del cine de Hollywood de la década de los cuarenta.Y como curiosidad, ganas me dan de destacar la mayor peculiaridad de la película, algo sorprendente en una cinta ambientada en el far west, y que deja un tanto perplejo una vez se da cuenta uno/a de ello, pero que yo no voy a contar aquí pues sería una faena al dar demasiadas pistas de cómo puede finalizar la peli. Y no lo voy a hacer, claro.
Lo mejor: La música, la fotografía...
