…el que gana es el banquero. Nunca un refrán popular podría tener más sentido que en este film de electrizante ritmo, espectacular factura, y guión calibrado al último milímetro. Con todos los cambios que se han sucedido en el orden mundial, y lo que es más, en la economía, ya las cosas son diferentes: ahora los agentes secretos ya no se dedican a cazar a megalómanos multimillonarios que quieren apoderarse del mundo. No señor, ahora nos encontramos ante una nueva clase de megadelincuente, que huye de la notoriedad, y que es una mezcla de burócrata, cortesano palaciego, economista y abogado…es decir, los banqueros. Así como suena. En plena crisis mundial, con el FMI a punto de estallar, la cinta que le ha servido al niño malo del cine alemán (que nos deslumbró con “Corre, Lola, Corre”, y que hizo una más que digna adaptación de “El Perfume”) resulta que trata de banqueros malvados que controlan no solo a los pobres clientes que tienen hipotecas como todo hijo de vecino, sino a países enteros, haciéndoles tener deudas cada vez más grandes. Y para frenar este entuerto, Tykwer ha contado con Owen, Clive Owen, el que debería de haber tomado el relevo de Pierce Brosnan en la franquicia de 007, vista la galanura que derrocha, además de su dureza, su mirada inteligente y a la vez pícara, y sus dotes para la acción. Con secuencias de acción que en nada tienen que envidiar a las mayores franquicias clásicas de Hollywood –especialmente impresionantes son las del museo Guggenheim, de auténtico infarto y un clímax en Estambul que debería de figurar en los manuales- lo mejor del film es probablemente la austera realización que el barroco y videoclipero Tykwer ha conseguido en su integración definitiva en la industria cinematográfica norteamericana, comportándose como un director con oficio y capacidad para utilizar los recursos cuando hagan falta, y no de manera gratuita. También merece la pena resaltar el gran trabajo en la dirección de un plantel de actores esplendoroso, ya que además de Owen tenemos a la preciosa Naomi Watts como otra incansable agente capaz de eclipsar en entusiasmo y determinación a cualquier chica Bond –y muy alejada de las clásicas “mujeres-florero”- y al siempre excelente Armin Mueller-Stahl, un actor capaz de dar una capa de nobleza al más abyecto de los personajes. El ritmo de la cinta es otro elemento realmente a tener en cuenta en este film, que va más allá de Bourne, del actual Bond –más físico que galán- y del Ethan Hawke de “Misión Imposible”: todo es mucho menos fantástico, más asequible…y mucho más peligroso. Si aún recordamos a Franka Potente corriendo sin parar para salvar a su novio en “Corre, Lola, Corre”, el pobre Owen también va camino de comenzar en la maratón con esta cinta, vertebrada en su narración con exhausto ritmo y excelente factura.

Lo mejor: Clive Owen, todo un heroe de acción. La contención de Tykwer a la hora de afrontar su más ambiciosa película (y primera en Hollywood).
Lo peor: Algunas partes en las que el ritmo baja de la excelente tónica general.
publicado por Federico Casado Reina el 25 abril, 2009

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