En cierta ocasión se me cagó encima una paloma. La sensación fue poco más desagradable que la de ver esta película.

★☆☆☆☆ Pésima

Un agente de policía que cae en acto de servicio regresa de la muerte para convertirse en el protector de Capital City, una ciudad viciada y corrupta, y defender a sus ciudadanos de las amenazas que rondan sus oscuros callejones. Y como todo héroe tiene que tener su alter ego (ya lo decían en El Protector), The Spirit deberá luchar una y otra vez con el villano de turno, Octopus (no confundir con el malo de Spiderman) y sus secuaces, alguien que, quizás, tenga más en común con nuestro protagonista de lo que en un principio él mismo imagina. Para que el resultado final tenga un empaque visual más atractivo, los responsables de la película se han encargado de llenar el metraje de un buen puñado de femmes fatales que harán las delicias, o no, de nuestro protagonista.

La película esta basada en el popular cómic de Will Eisner, que, por suerte, ya no vive para poder ver en que han convertido su personaje, del que me había leído algún número ya hace mucho tiempo aunque del que, reconozco, jamás fui un fiel seguidor, a pesar de sus innumerables virtudes. Y el encargado de llevarlo a la gran pantalla es, nada más ni nada menos, que Frank Miller, personaje de gran popularidad en el mundo de los cómics a raíz de sus excelentes trabajos en Daredevil, Born Again; Elektra, Lives Again; Batman, The Dark Knight Returns; o Sin City, entre muchos muchos otros (incluyendo, el posteriormente adaptado a la gran pantalla, 300). En cuanto a su incursión en el séptimo arte, la cosa es bastante más escueta, contando en su haber, tan solo, con los guiones de Robocop 2 y 3 y con la co-dirección de la adaptación de su propio cómic, Sin City, de la que ya se prepara una segunda entrega.

¿Ustedes recuerdan a Michael Jordan? Michael Jordan era, con total seguridad, uno de los mejores jugadores de baloncesto de todos los tiempos (por no decir el mejor) y, de echo, era tan bueno, que se aburrió y decidió probar suerte en otras modalidades. Así pues, el hombre, decidió pasarse al béisbol, donde fichó por los Chicago White Sox, un equipo de la American League, con resultados más bien discretos. Como se dio cuenta de sus limitaciones, apenas año y medio después, Jordan, decidió volver a la NBA y a lo que mejor sabía hacer. Sin duda alguna, Frank Miller tiene mucho que aprender de Michael Jordan.

Lo que si que consiguió Frank Miller, para su estreno en solitario como director, es un elenco importante de actores, que ya querrían muchos. Así pues, en la película encontramos nombres como los de Gabriel Macht, un panoli que consigue su primer protagonista después de muchas películas actuando como secundario de los secundarios; Samuel L. Jackson (¿pero cuantas películas ha hecho ya este hombre?); Scarlett Johansson, también conocida por ser la futura madre de mis hijos y que con lo deseada que está en Hollywood no debería perder el tiempo haciendo estas mierdas; Eva Mendes, una de los pocos que realmente se toma en serio su personaje y la película, quizás por ser, junto al protagonista, quién más tenga que demostrar; Paz Vega, que sigue intentando meter un pie en la meca del cine, aunque sea con un papel de mierda donde lo único que brilla de su breve actuación sea su traje; y, como curiosidad, también decir que aparece el padre de la serie Aquellos maravillosos años, como jefe de policía gruñón.

Llegados a estas alturas, quizás sobre decir que la película es una soberana mierda de dimensiones épicas, ofensiva a tantos niveles, ya sea tanto para el cómic original como, para todo el séptimo arte en general, que no encuentro adjetivos suficientes para calificarla. Es imposible encontrar en ella algún atisbo de originalidad ya sea en el tratamiento de la historia (de lo más sobada y lamentable que pueden encontrar en los últimos tiempos) como en su formato visual (vistao ya en la anterior Sin City, aunque sin su magia). La mayor parte del tiempo estás contemplando a unos actores fuera de sí, absolutamente descolocados, haciendo payasadas sobre un fondo prácticamente neutro, sin vida ni nada que se le parezca y compitiendo entre sí por ver quien suelta el monólogo más absurdo. Todos ganan.

En la película hay un problema básico, es absolutamente imposible que el protagonista te caiga bien. Y no solo eso, además vas aumentando el odio hacia él a medida que avanza la trama. Normalmente cuando esto me pasa tiendo a solidarizarme con los malos, pero es que en esta película es imposible solidarizarse con nadie. El personaje de Octopus consigue alterarme y aburrirme a partes iguales según el minuto de película y sus secuaces tampoco ayudan en nada, más bien todo lo contrario, solo consiguen que aumente mi ira. Para colmo, en los momentos dramáticos me entra la risa y en los momentos de risa me entra la vergüenza ajena. Nada funciona como debería. Es cierto que en el cómic original abundaban los contrapuntos cómicos, pero en la película lo único que se logra rozar es el ridículo.

Lo mejor: Que no ha recaudado suficiente como para que se planteen una segunda entrega.
Lo peor: No tengo espacio suficiente.
publicado por Jefe Dreyfus el 23 abril, 2009

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