Rafael Gil, con una puesta en escena muy académica, consigue unas tomas que parecen extraídas de los mejores grabados de la novela.

★★★☆☆ Buena

Don quijote de la mancha

La célebre obra de Cervantes sobre “El Caballero de La Triste Figura”, ha sido llevada al cine o a la televisión en multitud de ocasiones. Ya sea en clave de humor, o bien adornado con tintes trágicos, o sirvendo de motivo musical o presentado para la animación, las distintas versiones han tenido siempre un interés especial por lo universal del personaje. De todas ellas destacan, por su carácter personal, las realizadas por G.W. Pabst (1933), la inacabada de Orson Welles (1955) o la excelente debida a Grigori Kozintsev (1957). En un escalón ligeramente inferior podríamos situar al Quijote de Rafael Gil, del que vamos a hablar en la siguientes líneas.

La cinta es una de las más fieles al texto de Cervantes, y quizás ese puede que sea el motivo por el que ha sido tradicionalmente tachada de película despersonalizada. Y es que desde sus comienzos ya nació con esa etiqueta: un proyecto de CIFESA para realizar una superproducción a la española –así se califica al largometraje en los propios créditos-, un encargo que, lógicamente, cayó en las manos de uno de los tres mejores directores “caligrafistas” de la época (Rafael Gil, junto a Juan de Orduña y Sáenz de Heredia).

El director español comienza su carrera como documentalista y sirve a los intereses republicanos durante la Guerra Civil, hasta que, en 1939, se pasa al régimen franquista. A partir de aquí se inicia su verdadera trayectoria cinematográfica; un prolífico recorrido donde alterna películas de importancia (sobre todo sus primeras comedias, algunos melodramas y eficaces adaptaciones literarias) con otras, digamos oficialistas, muchas de ellas carentes de interés hoy en día, pero otras dignas de mención por su indudable calidad. Entre ellas destaca esta buena versión de Don Quijote de La Mancha.


A pesar de las secuencias propias del ciclo histórico (los “Glorias” al inicio y al final de la película, o algunos discursos “patrióticos” de Don Quijote, clara distorsión de la verdadera intención de Cervantes), el filme contiene grandes momentos como los travellings que enmarcan el arranque y la conclusión de la primera parte; la escena de los molinos; o las secuencias de los combates con el bachiller, al más puro estilo del cine de aventuras que se realizaba en Hollywood. Son ejemplos del buen oficio de Gil que, con una puesta en escena muy académica, consigue unas tomas que parecen extraídas de los mejores grabados de la novela.

Para el reparto se siguió con la costumbre –equivocada- de los primeros años de la posguerra de situar al frente del casting a un reputado actor de teatro. La responsabilidad recayó en Rafael Rivelles, que no desentona en su papel, pero que se excede en la declamación propia de las tablas. A su lado, Juan Calvo interpreta a uno de los mejores Sancho Panzas de la gran pantalla. Su protagonismo en el episodio del gobernador de la Ínsula, no lo desaprovecha el actor y convierte la secuencia en casi lo mejor de la película. El resto del elenco acompaña muy bien a la pareja principal. Tanto Fernando Rey como Manolo Morán (mi debilidad, no dejaré de alabar la espontaneidad de este magnífico profesional) y una jovencísima Sara Montiel, cumplen con nota su trabajo.

Creo que la cinta de Rafael Gil no ha sido tratada con la justicia que merece debido a su inclusión dentro del cine de propaganda. Opino que si nos abstraemos de su carácter político y nos fijamos en los aspectos puramente cinematográficos nos daremos cuenta de sus bondades: la excelente dirección de Rafael Gil, que aprovecha los recursos que la productora le asigna, para conseguir una impecable puesta en escena.
publicado por Ethan el 17 abril, 2009

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.