Se dice que el cine es arte, cultura, sin duda también puede definirse como subcultura o exposición de lo bizarro, oculta muchas caras que en ocasiones se escapan al espectador común.

★★★★☆ Muy Buena

Bad biology

Se dice que el cine es arte, cultura, sin duda también puede definirse como subcultura o exposición de lo bizarro, oculta muchas caras que en ocasiones se escapan al espectador común. En este sentido, la figura del videoclub es indispensable para entender la razón de ser de la Serie B que ha apadrinado infinidad de géneros, desde las artes marciales al cine de terror teenager más gamberro. Basket Case es precisamente uno de esos clásicos de videoclub que más de uno habrá alquilado en sus años mozos, allá por los ochenta. No era Los Goonies, pero la particular epopeya de sus dos hermanos protagonistas generó un buen puñado de seguidores y consagró a Frank Henenlotter como una figura underground de culto a la altura del mismísimo Lloyd Kaufman de la Troma.

Con el tiempo ese formato es reciclado por nuevas tecnologías, la llegada de Internet acompañada por descargas provoca nuevas alternativas en el descubrimiento de esas formas expresivas que se mueven en sótanos llenos de caspa. Es por eso que la nueva película de Henenlotter nace con cierto regusto a pasado de moda, aunque no se puede decir que el director no haya sabido actualizarse a los tiempos que corren. Tiene mucho mérito si se piensa que llevaba más de dieciséis años sin ponerse detrás de una cámara. Dejándose llevar por la tecnología digital dotándole al conjunto de un aspecto amateur que sin embargo encaja a tan alocada propuesta.

Como era de esperar, el argumento de su película es inenarrable. Bad Biology explora las vivencias sexuales de dos personajes con unas anomalías físicas bastante particulares. La película empieza fuerte, tanto que al final su mensaje se diluye en lo banal. Durante un rato da la impresión de que el director busque hablarnos -a su manera- acerca de la sexualidad en la sociedad moderna, pero los diálogos se van reduciendo en pos de un humor más visual. Hablando en plata, el film abandona la sátira social para mostrarnos pollas gigantes y tías en pelotas. Es una pena que no se repitan escenas como la de la conversación en la hamburguesería, pero lo cierto es que sin esta dosis de carne la película no sería lo que es.

Aunque cine de terror y despelote gratuito siempre han ido de la mano, hablar hoy en día de Trash Cinema o Sexploitation no tiene ningún sentido. El público freak actual no es el mismo que alquilaba cintas de video hace veinticinco años, pero a pesar de todo el director no olvida sus orígenes. Aunque el discurso de Henenlotter se haya radicalizado -en lo que a imágenes explícitas se refiere- el final del film es el de siempre. Todo termina como una tragedia de Shakespeare y por un momento los ecos de Basket Case o Frankenhooker resuenan con toda su fuerza.
Los grandes protagonistas de la película son sin duda los actores debutantes Charlee Danielson y Anthony Sneed, dando vida a dos personajes a cada cual más divertido. No sabría si decantarme por la mujer de los siete clítoris -ese monólogo inicial es sencillamente fantástico- o por el hombre del falo hipervitaminado. Las constantes apariciones de gente del mundillo de la pornografía y el Hip Hop como la modelo Jelena Jensen o Prince Paul -que también se encarga de la banda sonora- pasarán desapercibidas para el neófito en la materia. No nos podemos olvidar del buen hacer de Gabe Bartalos que ya colaborara con el realizador en la comentada Frankenhooker, todo un maestro de los efectos especiales. Se nota que todos se lo han pasado pipa rodando la película.

Bad Biology ofrece lo que promete. Es Henenlotter a la máxima potencia y como tal no escatima en obscenidades, sexo y mujeres turgentes. La previsible despedida cinematográfica del bueno de Frank es innegablemente divertida y bizarra, pero sobre todo representa a la perfección a un cine gamberro como ya no se hace, por mucho que directores de culto pretendan homenajearlo constantemente. Bien es cierto que los tiempos han cambiado, pero las gamberradas actuales destinadas al mercado domestico no tienen la misma chispa que aquellas otras. Tal y como le sucedió al VHS, su inocente desenfado es una especie en peligro de extinción.

Como es habitual no creo que sorprenda sus deslucidos planos ni la fotografía mediocre. Es un aspecto más dentro de su corta pero ya legendaria filmografía.
Lo mejor: Divertida y bizarra.
Lo peor: Se diluye su mensaje en un amasijo de sexo.
publicado por Andrés Pons el 6 abril, 2009

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