Se nota demasiado la adaptación forzada y una plasticidad impersonal que simplemente muestra contornos, cargados de una apatía que no concuerda con la vitalidad, tanto a nivel emocional como conceptual, de esta original historia.

★★☆☆☆ Mediocre

Watchmen

La expresión de Zack Snyder sigue la corriente impulsada por el éxito mediático de The Dark Knight . De repente, los superhéroes, que hasta ahora quedaban relegados a un modelo comercial de temporada se convierten en representaciones de problemas concretos que afectan a la sociedad actual. Crisis de confianza, corrupción y mesianismo son palabras que están en el pensamiento de todos y resulta curioso ver cómo las grandes corporaciones del cine apuestan por utilizar los iconos de la cultura popular como potente arma mediática. Tanto en la película de Nolan como en esta que ahora nos ocupa, la mentira y el caos forman una correspondencia que incide en el debate moral. Se me ocurre que ya es el momento de elaborar un estudio serio sobre cómo la industria del cine – premeditadamente, con un objetivo concreto y a largo plazo – esta moldeando la conciencia (colectiva) del espectador para que este asuma la justificación de la mentira y del genocidio planificado en nombre de la salvación de la humanidad. Y todo eso en el contexto de una crisis sistémica que plantea interrogantes sobre los que se nos dan respuestas brutales. A nivel temático, véase la representación del doctor Manhatann como vigilante y protector de la civilización, luego de haber justificado el genocidio. Nos venden la paz y la estabilidad a cambio de aceptar un orden internacional vigilado por poderes supremos (superheroicos), es decir, un orden totalitario. ¿Se trataría de una mordaz crítica a los peligros del mesianismo?. No, al menos, en la mirada de Snyder. No hay una expresión reflexiva, sino el vacío de la afirmación imperativa. El sarcasmo final es tan frívolo como inquietante.

Si consideramos que la película posee un cierto latido poético, resulta atractiva por utilizar el ropaje del superhéroe para hablarnos de un grupo de hombres y mujeres cuya humanidad se palpa precisamente en la expresión de conjunto; una oda coral en torno a la necesidad de compromiso, en un marco paranoide e insano. El montaje resulta eficaz a un nivel esencial, mediante los paralelismos que establece entre distintas secuencias temporales define el lugar de cada sujeto respecto al objetivo común, definido en una Imagen: un retrato apático de la eclosión decadente de ese grupo de superhéroes que sintetiza todo un ámbito subcultural para, pretendidamente, elevarlo a la categoría de “alta cultura“.


La perfección técnica en el plano visual es un soporte inmediato para la densa construcción de Alan Moore y Dave Gibbons. Pero, claro, y como suele pasar muy a menudo, Snyder no posee el talento necesario para traducir ese brillo técnico en una versatilidad narrativa que clarifique el potente entramado conceptual que propone. Es la diferencia entre exponer (exposición versus representación) de forma mecánica datos, perfiles y acciones, y aplicar la singular mirada que transciende la plasticidad de la Imagen, lo cual define la legitimidad de la representación. Por todos estos motivos, se nota demasiado la adaptación forzada y una plasticidad impersonal que simplemente muestra contornos, cargados de una apatía que no concuerda con la vitalidad, tanto a nivel emocional como conceptual, de esta original historia.
publicado por José A. Peig el 16 marzo, 2009

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