Para esto, Saramago, mejor no vendas los derechos.

★★☆☆☆ Mediocre

A ciegas

La historia empieza a saco. Un tio está en su coche parado en un semáforo cuando, de repente, se da cuenta de que se ha quedado ciego y no logra ver nada. Su ceguera no es corriente y, en lugar de verlo todo negro, él lo ve todo blanco, aunque lo peor está por venir, debido a que, la llamada “ceguera blanca”, además, resulta ser contagiosa y todo el que se acerca al individuo también termina quedándose ciego, incluido el oftalmólogo que lo visita. Como la cosa se empieza a expandir cosa mala y rápidamente salta la alarma social, el gobierno decide tomar cartas en el asunto y aislar a todos los afectados en un recinto de cuarentena hasta tener más información sobre la extraña enfermedad. Los enfermos deberán sobrevivir, ciegos y encerrados, sin ayuda del exterior salvo comida, lo que acabará provocando que salgan a la luz los más bajos instintos del hombre. Encerrada, junto con los ciegos, encontramos a la mujer del oftalmólogo, la única que no ha perdido la visión, decidida a no abandonar a su marido.

La peli es la adaptación cinematográfica de la novela Ensayo sobre la ceguera, del Premio Nobel portugués José Saramago, un libro que se me antojaba francamente complicado de llevar a la gran pantalla con éxito y, después de verla, debo reconocer que el tiempo me ha acabado dando la razón. Era demasiado complicado. Me leí el libro hace ya algunos años y confieso que me estaba gustando bastante, hasta que llegué a su tramo final que no me acabó de convencer y a un final que me dejó del todo frío. Y a pesar de todo es un libro que recomiendo encarecidamente.

El director es Fernando Meirelles, un brasileño que se dio a conocer internacionalmente con Ciudad de Dios y que probó suerte fuera de su país con El jardinero fiel. Entre los protas de la peli encontramos a Julianne Moore (a quien muchos descubrimos en Short Cuts de Robert Altman), a cuyo personaje en diferentes momentos de la película te dan ganas de darle dos hostias por no tomar ciertas decisiones en el momento justo, Mark Ruffalo (actor con una carrera, digamos, confusa), Gael García Bernal (el actor mejicano más internacional y que se dio a conocer con Amores perros y Y tu mamá también) y Danny Glover (si, si, el de Arma Letal), cuyo personaje, llegado cierto punto de la película, empieza a narrarnos lo sucedido en pantalla en voz en off, sin que en ningún momento venga a cuento de nada.

Lo que nos está contando la película es lo débiles que somos en el fondo los humanos, por mucho que nos creamos los putos reyes del mambo. Ya saben, vamos de chulitos porque somos racionales, pero a la que nos quitan un sentido tan básico y elemental como el de la vista toda nuestra racionalidad se va a tomar por el culo y nos volvemos unos putos animales más, peleando por comida con el primero que se nos pase por delante. La película también nos habla de alienación social, de no ver más allá de nuestras propias narices y de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey, pero ese tipo de análisis mejor lo dejamos para intelectuales y/o tertulianos de los programas de mañana en televisión.

Lo cierto es que la película no empieza mal del todo e incluso consiguió que albergara algún tipo de esperanza hacia ella, esperanza que rápidamente se fue diluyendo hasta quedarse en nada, a medida que avanzaba la trama. Porque una vez la historia se mete en el encierro de los personajes, que ocupa buena parte de metraje, la cosa empieza a aburrir y mucho, con una más que evidente carencia de ritmo narrativo, no consiguiendo transmitir toda la fuerza y todas las virtudes del libro y, además, sumándose un buen puñado de nuevos defectos. Y todo eso a pesar de que la película resulta sorprendentemente fiel a la novela (incluida alguna escena que pensaba que se iban a cargar), pero lo cierto es que se queda muy a medio gas. Y en parte esto sucede porque parece como si el director no tuviera del todo claro a que estaba jugando, porque la película se queda entre medias de ser una película de autor de pequeño presupuesto y una gran superproducción de cine de catástrofes, especialmente en su recta final. Esta falta de decisión provoca que en muchos momentos la película esté naufragando sin saber muy bien a que puerto amarrarse.

La gran duda, no obstante, residía en como se las arreglaría Meirelles para llevar a la pantalla la sensación de “ceguera” que sufren los personajes de la película. Y lo cierto es que el hombre ha echo lo que ha podido, con una gran predominación del color blanco sobre todo lo demás (fundidos a blanco incluidos) y resaltando algunos sonidos y diálogos, aunque, todo sea dicho, no siempre con un buen resultado.

Resumiendo: Fallida adaptación, con buenas intenciones, pero con un resultado tirando a mediocre.

Lo mejor: A pesar de todo, es fiel al libro
Lo peor: Que aburre mucho en su tramo central
publicado por Jefe Dreyfus el 25 marzo, 2009

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