Ron Howard, un buen director en el sentido de agilidad narrativa y sentido claro del espestáculo para todos los públicos, en esta ocasión y sustentado por un vigoroso y trabajado guión de Peter Morgan, con toda justicia nominado al Óscar, logra un ejemplar film político que aúna el interés en el plano histórico con el estríctamente cinematográfico. Con un clímax in-crescendo, a la manera de un trhiller, con intensidad dramática e incluso granos de intriga, siempre con acertados diálogos cargados de ironía, el espectador logra involucrarse en la historia, siendo partícipe de lo que acontece en la pantalla. Una cinta muy entretenida, apasionante en algunos tramos, que deja un excelente sabor de boca, demostrando que el cine made in USA, en contra de lo que algunos (algo tontitos) críticos dicen, también sabe ser inteligente e interesar más allá de sus (anchas) fronteras.
Frank Langella, descomunal en su acertada y algo tremebunda creación de Richard Nixon, el primer y único Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica que dimitió de su cargo.
Lo mejor: Todo.
