Michael Sheen tiene ya un doctorado Cum Laude en personajes históricos

★★★★☆ Muy Buena

El desafío: Frost contra Nixon

Las películas sobre periodistas son siempre plato de buen gusto. Es la profesión que más interesante queda en la gran pantalla porque consigue concentrar el glamour de lo frívolo con el misterio y la acción de cualquier espía. No en vano Superman decidió esconderse tras la apacible apariencia de un periodista mientras su amigo Peter Parker tomaba fotos para estar siempre cerca de la acción.

Frost era un personaje curioso, un playboy mujeriego con pocos principios periodísticos pero mucho carisma de showman. Tenía programas por todo el globo, invertía en entretenimiento y tenía olfato. Por so a priori no era un adversario fácil para redimir la imagen del maltrecho Richard Nixon tras su salida por la puerta de atrás de la política. Si a semejante piltrafilla de la profesión podía manipularle además de sacar un jugoso pellizco monetario podría regresar a la vida pública consiguiendo el perdón por todos los ultrajes cometidos.

No voy a centrarme un sesudo análisis de esta nueva cinta de Ron Howard por un sencillo motivo: Todas las películas de Howard destilan ese tufillo pseudopolítco panfletario que causa tan buena impresión en los americanos y su pulso a la hora de enfrentarse con temas históricos de suceso reciente ya lo convierten en un narrador de nuestra época sin necesitar mucho esfuerzo.

Pero si hay algo impactante en esta cinta es cómo ha conseguido sacar las mejores interpretaciones masculinas que se puedan haber visto en las pantallas en bastante tiempo. Y es que El Desafío es un duelo verbal de dimensiones épicas que trascurre ante los ojos del espectador como un autentico encuentro pugilístico entre dos personas que han hecho de la verborrea fácil su forma de vida. Frank Langella está de Oscar, se parece tanto al enjuto y terrorífico Nixon que a veces asusta y Michael Sheen tiene ya un doctorado Cum Laude en personajes históricos (no en vano aguantó la estocada de ser Tony Blair saliendo casi como un héroe en The Queen). Incluso los secundarios están más que correctos: Kevin Bacon, Sam Rockwell, y, por primera vez en un papel digno, el eterno secundario de pelis malas Oliver Platt.

Lo mejor: Los duelos verbales, la guerra psiológica y el buen pulso.
Lo peor: El afán pseudodocumental con entrevistas insertadas con calzador.
publicado por Ana Belén Pacheco el 11 febrero, 2009

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