Cuando ya creíamos que Ron Howard pasaría a la historia como el imbécil que aceptó rodar el libro de cabecera del subnormalito español – El código Da Vinci – sorprende con esta maravillosa película de personajes.

★★★★★ Excelente

El desafío: Frost contra Nixon

QUIEN MATA A UN LADRÓN

Cuando ya creíamos que Ron Howard pasaría a la historia como el imbécil que aceptó rodar el libro de cabecera del subnormalito español – El código Da Vinci – sorprende con esta maravillosa película de personajes y recordamos entonces que además de la barbarie con el mediocre Dan Brown también fue artífice de películas inolvidables: 1, 2, 3, Splash; Willow; ¡Dulce hogar… a veces!; Apolo 13 o Cinderella Man.

Dejando de lado el plano emotivo del recuerdo de carcajadas y buen sabor de boca que dejó para siempre 1, 2, 3, Splash – nunca las comedias serán valoradas en su justa medida – Frost/Nixon es de largo la mejor película de Ron Howard. La culpa la tiene el guionista Peter Morgan que adapta su propia obra de teatro y deja a Howard una perita en dulce que el director es capaz de respetar sin megalomanías innecesarias.

Tras el Watergate al fogoso y divo David Frost se le mete entre ceja y ceja hacer una entrevista al odiado Richard Nixon que rompa todos los registros de audiencia televisiva.

Erróneamente se ha comparado esta película con el género político o con el cine de investigación periodística. No estamos ni ante El político de Robert Rossen ni ante Todos los hombres del presidente de Alan J. Pakula. Frost/Nixon es un drama que destapa las miserias y debilidades del hombre de manera majestuosa.

El buen cine elige un tema sencillo e intrascendente, como lo es esta serie de entrevistas a un antiguo presidente norteamericano, y lo convierte en una brutal crítica a la corrupción política, al oficio malabarista del político y al hombre de carne y hueso que se esconde tras ellos. Chapeau.

Los personajes Frost y Nixon no son simplemente el típico entrevistador con hambre de gloria y el político con ganas de volver al redil, son dos seres humanos grises, extraordinarios y contradictorios. Pequeños y megalómanos, creíbles y falsos, manipuladores y manipulables, adultos asesinos con el don de la palabra y niñatos ingenuos que se quedan sin voz, sansones con alopecia y hasta gnomos dubitativos que se meriendan el mundo – la conversación telefónica entre ambos antes de la última entrevista es memorable -; y para colmo Frank Langella que interpreta a Nixon y Michael Sheen que hace lo propio con Frost se salen en sus interpretaciones contenidas, cercanas y tan insondables que sus almas discordantes parecen gemir.

La inteligencia del guión consigue que identifiquemos al político que jamás admite sus errores con la clase política de cualquier parte del mundo. No habla Nixon el político estadounidense, habla cualquier político que nos venga a la cabeza. El reflejo acusador se convierte en el mayor ataque jamás realizado contra el oficio politiquero… con un corrosivo e irónico giro final redentor: el corrupto, delincuente y malvado Nixon admite su malicia, su falsedad, su hipocresía, su manipulación; detalle perspicaz que dignifica al monstruo y generaliza entre la población la pregunta de cuándo nuestros políticos dejarán las máscaras y volverán a ser humanos. Cada país necesita su Frost.

Mientras no ocurra, todos al paredón; comenzando por los criminales de guerra Bush, Blair y Aznar que deberían ser fusilados de inmediato.

 

Lo mejor: Los dos personajes profundísimos y los dos actores que los hacen creíbles.
Lo peor: Nada.
publicado por Francisco Menchón el 9 febrero, 2009

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