Siempre nos quedará Paris. Mendes vuelve a bombardear los cimientos del estilo de vida americano, levantando la alfombra y destapando lo que hace tiempo dejó de sorprender.

★★★☆☆ Buena

Revolutionary road

Los dos protas de Titanic son un par de jovenzuelos en la América de los años 50-60, que un día se conocen en una fiesta y se enamoran perdidamente (que bonito, debía ser primavera). Al poco rato ya están casados, atrapados en un matrimonio tedioso, viven en una casa en las afueras, y mientras él coge cada día el tren para ir a su puesto de trabajo, que detesta, dentro de una gran empresa, ella se queda en casa cuidando de sus dos hijas, mientras sueña en ser la gran actriz que nunca podrá ser. Para el resto de la comunidad son un matrimonio perfecto, aunque de puertas hacia dentro, uno observa que todo es más una pose que otra cosa. Pero llega un momento en el que deciden dar un rotundo vuelco a sus aburridas vidas y dar una bocanada de aire fresco a su moribundo matrimonio: irse a vivir a Paris, un sueño medio olvidado que deciden recuperar, para poder empezar de nuevo.

Los dos protas de Titanic, bien lo saben ustedes, son Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, y ambos se han labrado sólidas carreras dentro de Hollywood, desde que colaboraran juntos por primera vez. Mientras él ha intendado alejarse de la etiqueta de ídolo de adolescentes, con mayor o menor fortuna, trabajando con directores de renombre como Woody Allen (Celebrity), Danny Boyle (La playa), Spielberg (Atrápame si puedes), Scorsese (El aviador, Infiltrados) o Ridley Scott (Red de Mentiras), ella ha buscado papeles más arriesgados como en Quills, Iris, Olvídate de mi, Descubriendo nunca jamás o Juegos secretos. Personalmente DiCaprio siempre me ha parecido un actor correcto, aunque poco interesante, por mucho que el hombre haya luchado por evitar el encasillamiento, y Kate Winslet me ha parecido una fuerza de la naturaleza y una actriz que no deja de crecer, valiente en sus elecciones y capaz de comerse la cámara con patatas. Si en su primera película juntos, la química entre la pareja era prácticamente inexistente, en esta nueva colaboración, realmente, si existe la complicidad necesaria entre ambos, logrando resultar creíbles en pantalla.

Además, Kate Winslet es la esposa, en la vida real, del director de la película, Sam Mendes, que ya se dio a conocer, a bombo y platillo, con la premiada American Beauty (¿quien no recuerda la escena de la lluvia de pétalos?) y posteriormente filmó Camino a la perdición (Cine negro en estado puro) y Jarhead (su aproximación a la guerra del Golfo). Parece ser que en éste, su cuarto trabajo, el director vuelve al tema que ya trató en su primera película, la falsedad de la sociedad americana, entrando dentro de las casas para poder saber que se esconde en ellas.

La película trata sobre los humanos dentro de un global, al que llamamos sociedad. Dentro de esta sociedad, actuamos de forma extraña, porque siempre se intentará transmitir una sensación de falsa felicidad ante nuestros iguales, por mucho que la cosa, dentro de las casas, esté más bien jodida. A esto, comúnmente, se le llama “el que dirán”. Lamentablemente, también existe otro grupo de individuos que, directamente, ya optan por engañarse a si mismos antes, incluso, de engañar a los demás. A esto, comúnmente, se le llama “colocarse la venda en los ojos”. Además, para colmo, cuando el individuo pretende huir de todos estos artificios, como la pareja protagonista, la propia sociedad tiene los suficientes mecanismos para evitar que persiga tus sueños, debido a las obligaciones y demás compromisos que se hayan adquirido con ella. Todo esto lo encontramos en Revolutionary Road. Nada nuevo, ciertamente, todo esto ya nos lo sabemos y ya lo hemos visto. Y es justamente aquí donde entra el “como se cuentan las cosas”.

En Revolutionary Road las cosas se cuentan de manera cruda y directa, con una dirección tan correcta que da asco y una pareja protagonista dispuesta a tirarse de los pelos para meterse más, si cabe, en el papel, donde el único personaje que impone cordura es, precisamente, el único que ha estado ingresado dentro de un manicomio. A nivel personal, no obstante, debo decir que, a pesar de reconocer los valores de la película, que los tiene y decir lo contrario sería estúpido, la película no me acabó de atrapar del todo, debido a que la historia que en ella se cuenta ya no sorprende y ya nos la sabemos (incluso contada por el mismo director en American Beauty, aunque en aquella ocasión la trama destilaba mucho más humor), por mucho que, técnicamente, la peli sea perfecta.

Resumiendo: Siempre nos quedará Paris. Mendes vuelve a bombardear los cimientos del estilo de vida americano, levantando la alfombra y destapando lo que hace tiempo dejó de sorprender.

Lo mejor: Su nivel técnico
Lo peor: No sorprende tanto como debería
publicado por Jefe Dreyfus el 26 enero, 2009

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