Revolutionary road

Es muy incómodo ver cómo los adultos pierden la ilusión, los sueños e incluso el amor: toda la pasión que consume la juventud, los planes para hacerlo mejor que nuestros padres, creerse con la habilidad -y la sabiduría- de no caer en los errores de los demás… es un espectáculo realmente aterrador cuando comprobamos que quizás nosotros mismos estamos ya "institucionalizados". Basada en la demoledora novela de Yates, que dinamita los pilares de una sociedad -la norteamericana- completamente resquebrajada desde sus cimientos, y desenmascarada en su "falsa felicidad", la mirada que traza Sam Mendes es una vuelta de tuerca de su "American Beauty": el ser humano parece estar irremisiblemente condenado al "fracaso consensuado" de una vida cómoda y supuestamente agradable, aunque vacía y carente de significado. Es más, una vida completamente alejada de las ilusiones que siempre hemos querido. Alguien dijo una vez que empezamos a envejecer cuando dejamos de perseguir nuestros sueños, y precisamente esta es la piedra de toque de la relación sobre la que se basa toda la cinta: un matrimonio supuestamente perfecto (son guapos, listos, creativos, artísticos…) consiguen tener la vida que muchos desearan, con una impresionante casa en un barrio selecto, dos hijos preciosos, y la seguridad de un trabajo moderadamente rentable. Todo va bien, pero entonces… ¿qué es lo que no funciona? La relación entre el esforzado (y aburrido) marido y la no menos esforzada (y también aburrida) esposa ha llegado a un punto muerto pero ella le propone quizás la única oportunidad de salvar su ilusión (y su amor): perseguir el sueño que siempre quisieron, marcharse a vivir a París. Claro que precisamente en ese mismo instante a él le proponen un ascenso a las capas más altas de su empresa con un considerable aumento de sueldo… Una diatriba que termina destruyendo desde lo más profundo ese aspecto de perfección que les envuelve, esa "cara amable" que ambos se esfuerzan en poner no solo a las visitas, los amigos, los compañeros de trabajo y los vecinos, sino también entre ellos. Todo el film destila elegancia, y el guión está brillantemente articulado en un relato pausado pero absolutamente envolvente, que no baja el ritmo en ninguna secuencia. Especial atención merece la factura del film, con una banda sonora de Thomas Newton que toma el relevo de la creada para "American Beauty", con notas más clásicas, pero con una narración muy similar (de hecho el leitmotiv es utilizado de una manera muy parecida). Ni que decir tiene que uno de los puntos fuertes de Mendes es la dirección de actores, y en este caso tanto DiCaprio como Winslet dan un auténtico recital, arropados por unos secundarios verdaderamente monumentales (Kathy Bates, Michael Shannon…). Pero lo más importante, es la evolución de un mensaje que está presente en toda la filmografía de este director, y que permanece incólume en su reflexión dramática: todo el tinglado que hemos montado para ser felices es totalmente falso, y las fórmulas sociales que engloban el éxito, la madurez, el crecimiento, la familia… están completamente equivocadas. Quizás no haga falta ser tan radical y existan bastantes puntualizaciones pero en muchos casos no le falta razón.
Lo mejor: El guión, ejemplarmente adaptado. Las interpretaciones, sobre todo de Winslet, DiCaprio y Shannon. La crudeza a la hora de contar una historia.
Lo peor: Prácticamente nada.
publicado por Federico Casado Reina el 26 enero, 2009

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