Todo en esta película esta magistralmente realizado, a saber: el guión, ya nombrado; la música de Ennio Morricone; y las actuaciones de todos los actores, en especial Robert De Niro y Sean Connery, ambos en estado de gracia (Sean Connery recibió un Oscar por su trabajo).

La película es una versión moderna de la famosa serie televisiva protagonizada por Robert Stack y, a su vez, basada en hechos reales acerca de un agente del gobierno que lucha contra Al Capone en la ciudad de Chicago. Estamos en los años de la ley seca, y esto provoca secuencias de acción para recordar, como la del tiroteo en la escalera de la estación (claro homenaje a Eisenstein y su Acorazado Potemkin); o cualquiera donde el director deja rienda suelta a De Niro para que ofrezca su mejor versión de las bravatas de Al Capone.
La cinta concluye con una inmensa paradoja, cuando al final, después de encerrar al gangster, resulta que se aprueba la venta de alcohol. Ante la pregunta de un pesado periodista sobre cuál va a ser lo próximo que haga Eliot Ness, éste responde: “Tomarme una Copa”.
