The Lady Vanishes tiene dos partes claramente diferenciadas: en la primera, nos presentan a los personajes en un hotel de un país imaginario; en la segunda, la acción transcurre en un tren. Todo gira alrededor de la desaparición de una anciana, y la única que se ha dado cuenta es la forzosa heroína (Margaret Lockwood) que consigue que el irónico Michael Redgrave la crea (prestigioso intérprete de teatro, perteneciente a una interminable saga de actores y actrices). El “macguffin” aquí es una canción que transporta un mensaje secreto que resulta vital para las potencias extranjeras; pero, como siempre, esto es lo de menos.

Hay cantidad de situaciones cómicas, Hitchcock se recrea con guiños continuos al espectador. Por ejemplo, la pelea en el vagón de equipajes, entre bambalinas, artículos de magia y anuncios del espectáculo, donde desaparecen y vuelven a aparecer los personajes. Es una secuencia genial, una divertida redundancia si tenemos en cuenta la trama principal.
Sorprende como las películas inglesas del genial director ganan con el paso de los años. Cada vez que se revisan ofrecen nuevos elementos narrativos o técnicos muy interesantes que las hacen acercarse a sus primas hermanas de la etapa norteamericana.
