
Y luego están los actores. Sean Connery me sigue pareciendo el mejor Bond. Nadie como el para beberse esos martinis con vodka “mezclados, pero no agitados”; con su punto de ironía, su afición por las mujeres, su resolución ante la adversidad y su frialdad ante el crimen. Las tramas de esa época, con la sombra del Telón de Acero siempre presente, eran muy adecuadas para la existencia de agentes secretos y organizaciones criminales como Spectra. Y Sean Connery encajaba en todo aquello con su refinamiento británico y su media sonrisa, muy lejos del crispamiento del actual Bond al que nos quieren acostumbrar.
Como contrapunto del héroe, el paradigma de villano de la serie Bond es el Doctor No: un ser resentido; con algún defecto físico que ha reconvertido en arma terrible (en este caso sus manos metálicas); alguien que quiere dominar el mundo; un “malo” a la vieja usanza, de esos que vivían en la tiras cómicas de los diarios (según parece, Ian Fleming utilizó a Fu Manchú como fuente de inspiración para dibujar el personaje del temible Doctor).
Pero la serie no sería lo mismo sin la presencia de las sensuales “Chicas Bond”. ¿Quién mejor que Ursula Andress para inaugurar el desfile? Su aparición emergiendo del agua azul turquesa es espectacular. Cantando aquello de “underneath the mango tree…” se inserta en la historia de forma descarada, casi sin motivo, sólo para decorar -y nos alegramos de ello- una trama del todo increíble; pero muy entretenida.
publicado por
Ethan el 15 enero, 2009