una road movie absurda y aburrida, con demasiados primeros planos de un Vincent Gallo totalmente desubicado

★☆☆☆☆ Pésima

The brown bunny

Elprimerhombre ha visto The Brown Bunny, una película escrita, dirigida, montada, producida, fotografiada y protagonizada por Vincent Gallo, un autor que después de sorprendernos y gratificarnos con Buffalo ’66 (1999), se dispuso a mostrarnos cinco años después su lado más oscuro, debido quizás a algún suceso que le trastornó mentalmente.

La historia en sí no tiene mucho de trascendental para lo que quiere representar el señor Gallo. Desde los primeros minutos el espectador teme por lo que le viene encima, sobre todo por la lenta realización y los silencios demasiado prolongados. Precisamente, la primera escena, cuya duración es de tres minutos, es una carrera de motos nada interesante, filmada como desde una cámara de algún espectador, siendo uno de los motoristas Bud Clay (Vincent Gallo), cuyo viaje a California para participar en otra carrera será sufrido por el espectador hasta sus últimas consecuencias.

Si después de esta breve introducción aún tienen interés por ver este film, déjenme que les comente algunas escenas. Al iniciar el viaje, en una parada que hace Bud para repostar, en el momento de pagar inicia una escueta, por no decir ridícula, conversación con la dependienta, a la que, sin ton ni son, le dice que se vaya con él. Quizás por su atracción sexual o, más bien, por causas del guión, ella deja un papel en la puerta del local y se marcha con él. Pero lo más chocante no es esto sino lo que viene poco después. Al llevar a la chica a su casa Bud le da cinco minutos para que recoja sus cosas, con un beso y un "te quiero" de adelanto. Sin embargo, cuando la muchacha entra en su casa, vemos a Bud que baja la cabeza, se lo piensa y se marcha lentamente. ¿A esto se le llama recochineo, burla o ida de la olla? Pues esto no es nada comparado con la escena siguiente. Sin dejar que nos repongamos del todo, Bud conduce hasta una casa que se encuentra justamente al lado de donde vivía él con sus padres. Al llamar a la puerta es invitado a entrar por la madre de Daisy, una amiga de la infancia, y la conversación, por así decirlo, de Bud con ella y con la abuela al lado sin enterarse de nada, es para cortarse las venas. Se le podría llamar de todo menos entretenida. Aunque por suerte podemos ver el conejo de Daisy, quiero decir, el conejo marrón que da nombre a la película, que como dice la madre, "debe de ser el conejo más mono del mundo".

Al haber introducido el personaje de Daisy, interpretado por Chloë Sevigny, es necesario recalcar la importancia de este personaje para el film, sobre todo para Bud Clay, o más bien para Vincent Gallo. Ella aparece hacia el final, cuando la historia se resuelve con un breve flashback. Antes de esto, Vincent se obsequia con uno de los mayores placeres que puede disfrutar un hombre, una felación, por no decir una gran chupada. Lo que no logro convencerme es de la aprobación de Chloë para realizar la escena, una actriz que ha salido en películas como Melinda & Melinda (2004) o Zodiac (2007). Es obvio que esta escena fuera un escándalo en la presentación en Cannes, provocando bastante malas críticas y diciendo algunos que seguramente fue introducida para darle más promoción a la película.

Ante todo lo expuesto, debo rematar que estamos ante la que es seguramente la road movie más aburrida de la historia del cine, y no es lo que vemos lo peor del asunto sino cómo se nos muestra. La película está atiborrada de cientos de primerísimos planos del protagonista, cuyo máximo interés es mostrar todo el rato su aturdimiento, calmado a veces por caricias o besos de algunas mujeres que se dejan querer, tan solas o tristes como él. Pero no sería mucho pedir, creo yo, que hubiera por lo menos un punto de conexión entre las escenas que tuviera un ápice de interés, como los planos desde la furgoneta en los que se ve la carretera con buenas canciones de fondo (en las que también ha tenido que ver Vincent Gallo). Aunque estos planos, que realmente son los mejores, recuerdan demasiado a la campaña que hace BMW desde hace varios años, llamada "¿Te gusta conducir?", con un resultado bastante más atractivo y efectivo que el que se consigue en esta película.

En definitiva, una road movie absurda y aburrida, con demasiados primeros planos de un Vincent Gallo totalmente desubicado.

Lo mejor: algunos planos de la carretera con música de fondo
Lo peor: todo lo demás
publicado por elprimerhombre el 14 enero, 2009

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