Resistencia, al igual que Diamante de Sangre o El Último Samurai, no es más que una película muy comercial revestida de cine comprometido entre cuyos objetivos figuraban el conseguir algún tipo de reconocimiento (léase candidaturas al Oscar)

★★☆☆☆ Mediocre

Resistencia

Personalmente se podrá encontrar más o menos atractivo su cine, pero no queda otra que quitarse el sombrero para aplaudir la asombrosa capacidad que posee Edward Zwick para coger un film de acción puramente comercial y transformarlo, a ojos de los medios y del público, en una historia comprometida, de denuncia social o reivindicación histórica.

Es realmente admirable la habilidad de Zwick, aunque quizás lo realmente sorprendente es que a estas alturas aún siga consiguiendo salirse con la suya y hacernos creer a los demás lo que a él le interesa que creamos. Pero la verdad es que Resistencia, al igual que Diamante de Sangre o El Último Samurai, no es más que una película muy comercial revestida de cine comprometido entre cuyos objetivos figuraban el conseguir algún tipo de reconocimiento (léase candidaturas al Oscar) tanto para sus actores como a nivel técnico. Igual que le ocurrió a Cruise, de momento Daniel Craig se va a tener que quedar con las ganas de optar a la preciada estatuilla dorada. Un Craig que, todo dicho sea de paso, realiza un buen trabajo aunque la mejor interpretación del film es la de Liev Schreiber. Regresando al film propiamente dicho, hay que señalar que para lo que se ve hoy en día en Hollywood, Resistencia es un digno ejemplo de cine palomitero al que se le puede y debe exigir más que el mero entretenimiento. Evidentemente, el principal lastre de la cinta es el conocimiento general de su desenlace, pero aún así hay fallos clamorosos. En vez de profundizar en la historia y presentarnos a unos personajes bien construidos y definidos, el guión nos ofrece unos meros arquetipos vacíos y unidimensionales y una trama ideada para rellenar los huecos entre las secuencias de acción. El gran colofón a los despropósitos de Resistencia es el descarado intento, a través de la música de James Newton Howard y muy especialmente de los solos de violín, de apropiarse del legado de esa obra maestra llamada La Lista de Schinder.

Lo mejor: Liev Schreiber
Lo peor: Que Zwick busca emular a Spielberg
publicado por Francisco Bellón el 14 enero, 2009

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