El ranchero tiene como mano derecha a un hombre mucho más joven, que vive tranquilo, sin mujeres (no las soporta), junto a su fiel caballo blanco y sus mascotas, una familia de pumas, que juguetean con él a menudo, pegando sustos a los demás.
La nieta está a punto de ser secuetrada por los malos, pero el vaquero se la lleva a su casa, donde tendrán sus más y sus menos.
Todo va bien y comienzan a congeniar, pero sucede que el abuelo aparece muerto, a pocos metros de la casa del vaquero, apuñalado. Todo apunta al protagonista pues esa noche salió al fresco a pasar la noche.Adaptación de una de las muchas novelas de Zane Grey, que tanto me hizo disfrutar de niño.
Se trata de una entretenida película, que al comienzo parece un rollo patatero, para poco a poco interesar y hacer pasar un buen rato.
Es bastante amena y tiene de todo, comenzando a mejorar claramente con la aparición de la chica, muy bonita y con carácter. Sus tiranteces con el protagonista, un jocoso Randolph Scott, bastante más expresivo que en sus films posteriores, cuando ya era famoso y todo un westernmen, hacen gracia y los pumas tienen importancia en ello.
Más tarde comienza la acción, representativa del far west, bien filmada por Henry Hathaway, que en estos modestos pero eficaces westerns iba aprendiendo a marchas forzadas, hasta llegar a ser uno de los grandes en el cine de género.
Lo cierto es que, viéndola ahora, aparece claramente ajada por el paso del tiempo, pero sigue siendo amena y hace pasar bien el tiempo.
Lo mejor: La chica de la peli. Es entretenida.
Lo peor: Sí, el tiempo ha pasado por ella.
