Ahora entretiene y es más importante fijarse en cómo se hizo, a finales de los años veinte, a muy poco de la llegada del cine hablado, que en la historia propiamente dicha.
Así, esta historia se ve que adolece de buen ritmo, salvo algunos momentos y en cuanto a la interpretación, por mucho que estén el genial Chaney y la más tarde laureada Joan Crawford, pues deja que desear.
Pero hay aspectos que no han perdido vigencia, como la buena fotografía y el montaje.
Es en fin, una buena película que debe valorarse teniendo en cuenta los años transcurridos desde su rodaje, pues si no resulta algo apagada.
Lo mejor: La fotografía y montaje.
Lo peor: El tiempo la he perjudicado algo.
