Bolt

Siete de diciembre del dos mil ocho, un perro es atropellado vilmente en una autopista, de pronto otro perro arriesga su vida y lo arrastra por la carretera hasta llevarlo a la acera ante la pasividad de los humanos que aceleran sin darse cuenta del drama.

Bolt también es un perro y un héroe que tiene la suerte de heredar los mejores genes de sus padres superdotados, por un lado una Disney de capa caída pero de la que siempre cabe esperar lo mejor – y tiene argumentos de sobras para demostrarlo – y por el otro, Pixar, que sale a obra maestra por año y que venía de la que posiblemente sea una de las mejores películas de animación – y del cine en general – de todos los tiempos, Wall-e.

La criatura, por así decirlo, viene con un pan debajo del brazo, parida de retales de historias de amor mágicas, de personajes geniales que se ganan nuestro cariño desde el primer minuto y de secuencias de acción trazadas de manera sublime que no dejan incoherencias por el camino.

El resultado es hermoso, mucho más de lo que muchos enemigos cargados de prejuicios disneynianos serán capaces de reconocer. Y es que cuando algo huele a Walt, se ama o se detesta por imposición y se pierde el mundo de vista.

Bolt es una estrella del cine al que mantienen engañado en un mundo creado a su medida – como en la maravillosa El show de Truman – para que su actuación sea más convincente… hasta que un día, por exigencias del guión, su mejor amiga es secuestrada.

Pues bien, Bolt se acerca más a La dama y el vagabundo, Los aristogatos, 101 dálmatas, Toy Story o Los increíbles que a los últimos títulos fallidos Disney.

Bolt es una hiriente crítica a la manipulación que ejercen los medios de comunicación y al sentirse encerrado en una cárcel sin barrotes. ¿Cuántas películas que presumen de progresistas se atreven a tanto?

Bolt es Matrix coloreado y su protagonista un Neo perruno que descubre cómo es el mundo de verdad pero lo hace por amor y no para salvar el mundo, sin darse cuenta de que tal vez por ese amor sin condiciones el mundo está un poquito más cerca de su salvación… sólo falta que el hombre desaparezca definitivamente de la faz de la tierra.

publicado por Francisco Menchón el 2 enero, 2009

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