Una película en la que su director ha cambiado su frescura habitual por mayor solidez narrativa, con algunos apuntes discutibles pero atractivos, y con un efectivo cambio de punto de vista.

★★★★☆ Muy Buena

El nido vacío

El nido vacío, el sexto largometraje de Daniel Burman, el director más prolífico del nuevo cine argentino, es un notorio corrimiento del contexto que más identifica a su cine, el de la comunidad judía de Buenos Aires, y los problemas de identidad del protagonista, inmerso de manera conflictiva en esa comunidad. El desplazamiento fue paulatino pero decisivo, comenzando por el comienzo de la llamada “Trilogía de Ariel” (el nombre común de los tres personajes interpretados por Daniel Hendler), Esperando al mesías, siguiendo en la aclamada El abrazo partido, y culminando con Derecho de familia, donde el componente judío se había reducido notoriamente, el pintoresco barrio de Once ya no era de la partida, y el Ariel en cuestión había pasado de la post-adolescencia a la construcción de la paternidad. Si dejamos de lado la fallida comedia Todas las azafatas van al cielo, y su arriesgado debut, Un crisantemo estalla en Cincoesquinas, esta es la primera película en la que Burman pone el foco en personajes y conflictos que no corresponden a los de su generación. En este caso nos cuenta los cambios que genera en un matrimonio la partida de la hija del hogar. Leonardo, escritor paralizado ante un bloqueo creativo, se sumerge en fantasías disparatadas que incluyen desde personajes inexistentes hasta secuencias musicales. En el medio, un concierto de fobias, de deseos no asumidos, y de un miedo constante al distanciamiento con su hiperactiva mujer. El nido vacío se presenta como una de las películas más arriesgadas de Burman, y muchos de los elementos originales de este film, como la inserción de escenas musicales, pese a no ser del todo sólidos, son, cuanto menos, simpáticos y agradables. Desde la elección de la excelente dupla de actores Oscar Martínez y Cecilia Roth, pareja instalada en el público argentino desde el recordado drama televisivo Nueve lunas, se evidencia una intención de Burman de aprovechar la acogida cada vez mayor del espectador argentino a su cine, para atraer aún más público. Lo más fructífero de esta elección es que Burman consigue extraer de ambos actores lo suficiente como para delinear dos personajes construidos al detalle, un Leonardo incapaz de reaccionar ante los drásticos cambios en su vida, y una Martha apelando a cualquier actividad para salir de su sofocada vida conyugal. Sin embargo, lo más elogiable de este relato, es la manera en que aborda los bifurcados senderos del proceso creativo. La vuelta de tuerca final refuerza la idea del hombre en busca de inspiración, de apelar a sus miedos y fantasías para conseguir llenar la hoja en blanco con algo que vale la pena contar. Y esta es la sensación que genera El nido vacío, una película en la que su director ha cambiado su frescura habitual por mayor solidez narrativa, con algunos apuntes discutibles pero atractivos, y con un efectivo cambio de punto de vista. Todo ello para entregarnos otra película de ideas claras y concretas, otra película, como todas las que Daniel Burman lleva realizadas hasta la fecha, que demuestran tener ese algo que vale la pena ser contado en la gran pantalla.

 

Lo mejor: La química de la pareja protagónica, la manera en que aborda las dificultades del proceso creativo, y las escenas filmadas en Israel.
Lo peor: Su pérdida de frescura y cierto “aburguesamiento” en las formas, si se la compara con las anteriores películas de su director.
publicado por Leo A.Senderovsky el 29 diciembre, 2008

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