Sin dejar de ser un drama político más, es un film que funciona en su coralidad, y que se anima a poner el foco en hechos relativamente recientes pero ya olvidados por el resto del mundo.

★★★☆☆ Buena

Batalla en seattle

Las películas que narran hechos relativamente recientes transitan por un camino difícil, ya que la toma de posición se vuelve aún más compleja cuando lo que se cuenta ocurrió no muchos años atrás. Quizás lo más relevante de esta película es que a alguien le haya interesado llevar a la pantalla los cinco días negros que vivió Seattle en 1999, cuando las protestas de militantes antiglobalización se tornaron en una feroz batalla campal entre la policía y los manifestantes, al punto de llevar a la ciudad al estado de sitio. Desde ya, está claro que a la película no le cuesta ponerse en la vereda de los manifestantes, aunque antes de tomar posición busque, como planteo general, exponer el conflicto desde todos los puntos de vista, sin condenar a ninguno, e intentando reflejar las actitudes humanas de ambos lados. Este planteo se vuelve efectivo, y entre los puntos de vista que aborda, podemos destacar el de Dale, el oficial de policía, y el del alcalde, quien se ve presionado a ejercer una acción represiva aún sabiendo que los manifestantes están desarmados. Sin embargo, esta idea de no etiquetar a los personajes en “buenos” y “malos”, no se ve reforzada por una construcción inteligente de cada uno de ellos. Sin ir más lejos, los momentos previos al conflicto, que muestran a la mujer del oficial Dale (Charlize Theron), embarazada y trabajando en el lugar que poco después se volverá zona de guerra, preanuncian sin sutilezas que terminará perdiendo el embarazo por consecuencia de los desmanes (si no tuviese nada que ver con el conflicto principal, ¿por qué la película haría tanto hincapié en la feliz pareja y el bebé que vendrá?), lo que llevará a Dale (un correcto Woody Harrelson) a una crisis nerviosa y a descargar toda su violencia en los manifestantes. El retrato de ellos tampoco es lo suficientemente sólido. Como cada vez que Hollywood se mete con jóvenes que protestan, la figura del idealista se debilita por recurrir siempre al mismo disfraz, un punto intermedio entre hippies y revolucionarios. Esa construcción hace que la imagen de quienes serían los “buenos” de la película, los que protestan sin aplicar violencia, pese a sufrir la condena de la prensa que intenta mostrarlos como violentos, se vuelva obvia y vista ya en un sinnúmero de películas del setenta a la fecha. Entre un extremo y el otro, se encuentra el alcalde Jim Tobin, interpretado por Ray Liotta, que aún cayendo en el estereotipo del “político honesto” (porque a pesar de ser el opuesto de otro estereotipo mayor, no deja de ser otra figura poco original), Liotta consigue que el personaje se posicione sin estridencias entre un extremo y el otro, y logra exponer todas las contradicciones del político que sufre por actuar contra su voluntad, presionado por las circunstancias. Batalla en Seattle, ópera prima de Stuart Townsend, sin dejar de ser un drama político más, es un film que funciona en su coralidad (pese a las obviedades, humanizando a unos y otros), y que se anima a poner el foco en hechos relativamente recientes pero ya olvidados por el resto del mundo.
publicado por Leo A.Senderovsky el 29 diciembre, 2008

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