Cuando terminé de ver Semi-Pro me quedé preocupado por si la fórmula de la idiotez que venía bordando Will Ferrell tenía próxima fecha de caducidad.
Viendo la nueva conexión con su director fetiche, Adam McKay, Step Brothers supone un triunfo absoluto en lo que a comedia descerebrada se refiere: unos gags brillantes para una pareja de actores que se lo están pasando mejor que el propio espectador, que se lleva las manos a la cabeza al ver momentos tan geniales como el de los testículos sobre la batería, el sonambulismo o el ajuste de cuentas con una pandilla (algo que, de otra manera, habían hecho ya en Anchorman), por no hablar del momento climático, que dejará a más de uno con la boca abierta.
Con un espíritu de comedia familiar (ideal para estas fechas) pero con la misma mala uva que en la reciente Hot Rod, Hermanos por pelotas (lástima TODO lo relativo a su distribución en España) es la mejor comedia del año, con permiso de Pineapple Express, por poner un ejemplo.
