No me identifico con el nuevo 007 porque sus historias, sus odios y sus poses no me acaban de ganar. Porque el agente con licencia para matar con el que crecí es otro y éste no me resulta simpático.

★★☆☆☆ Mediocre

Quantum of solace

Lo confieso, me daba bastante pereza escribir mis impresiones sobre esta película. Y es q salí de ella de la misma forma que entré, sin que me hubiese aportado nada más que algunos pedazos de diversión aislados. No es que me aburriera, de hecho salí de la sala sin la impresión de que se me hubiera hecho demasiado larga, pero han pasado los días, rebusco hacia atrás y no encuentro nada. Ninguna secuencia memorable, ninguna frase digna de recordar. De hecho, voy a tener serios problemas en contaros de qué iba.

A ver, pues la cosa va de Bond, James Bond… que ni siquiera, que ahora sólo es James Bond, sin la redundancia, sin los gadgets, sin su ironía británica. Desde que han plantado a Daniel “Morritos” Craig el smoking de 007, el personaje ha cambiado hacia un ser más humano, más despiadado, más vengativo y mucho menos gracioso y elegante. Todo eso sigue sin cuadrarme, me da la impresión de haberme equivocado de sala y la sensación no me gusta.

Además, todo aquel que no haya visto la anterior entrega del superespía, que se olvide de pillar todo el argumento. Porque todo arranca donde finalizó el primer episodio de la era Craig, con un Bond enrabietado por la traición del amor de su vida, con ganas de arremeter contra todos los que le han inflingido dolor, desobedeciendo los mandatos de M.

Esta búsqueda le lleva de cabeza a un magnate francés, Dominic Greene, un tipo sin escrúpulos capaz de jugar al Risk haciendo y deshaciendo gobiernos a su conveniencia, capaz de utilizar a los que están a su alrededor en su beneficio. Vamos, el típico malo, bien interpretado por Mathieu Amalric.

No puede faltar tampoco el personaje femenino, con su propio camino de vendetta, dura y combativa como mandan los cánones de las últimas películas de acción pero con un personaje tan plano como el resto de los de la película, incluido el de nuestro Fernando Guillén Cuervo, un militar con acento latino, diente de oro y menos de cinco minutos en pantalla.

Así, entre carreras y explosiones, entre chicas Bond y algún pequeño guiño a las películas antiguas del personaje, la película se va destilando como un buen producto de acción, pero incapaz de emocionarme. No me identifico con el nuevo 007 porque sus historias, sus odios y sus poses no me acaban de ganar. Porque el agente con licencia para matar con el que crecí es otro y éste no me resulta simpático.

La pregunta es, ¿mi mitomanía me permitirá no ir a la siguiente aventura de James Bond? No apostaría mi Aston Martin alegremente.

Lo mejor: Las escenas de acción son impecables.
Lo peor: Craig no es mi Bond.
publicado por Heitor Pan el 16 diciembre, 2008

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