Algo que hacía mucho tiempo que no veíamos, una película animada de Disney que convenciera, hiciera reír y con la que no nos dieran ganas de mandar a los guionistas a una terapia con electroshock. ¿Estaremos ante el resurgir de la empresa?

★★★★☆ Muy Buena

Bolt

La sombra de las camisas hawaianas de John Lasseter es alargada. Tanto que, viendo que Pixar revolucionaba la animación mundial de forma tan sólida y aplastante, los de Disney, tras no dejar escapar la gallina de los huevos de oro comprando la compañía del flexo, propusieron al niño grande que se ocupara de enderezar el legado de tito Walt. Lasseter no se lo ha pensado dos veces y los cambios se han notado a la primera de cambio.

Llegó, vio, no le gustó lo que vio y la montó. Cogió una película que ya se había empezado a hacer, cambió el guión, cambió el enfoque, provocó algún enfado y alguna dimisión en la empresa y consiguió algo que hacía mucho tiempo que no veíamos, una película animada de Disney que convenciera, hiciera reír y con la que no nos dieran ganas de mandar a los guionistas a una terapia con electroshock. ¿Estaremos ante el resurgir de la empresa?

Bolt se acerca en la concepción a las películas de Pixar, pero conserva ese aire infantil, ese estilo blandito y esa visión moralizante de los clásicos de Disney. Está más dirigida a los espectadores más pequeños de la familia, con su secundario cómico y loco, su protagonista heróico y su moraleja final bien clara, para que no haya despistes.

Bolt es un perro mutado genéticamente, capaz de correr a tropecientasmil zancadas por segundo, con una fuerza descomunal, rayos láser en los ojos y un ladrido destructor que puede acabar con un ejército entero en menos que maúlla un gato… o eso es lo que él cree. En realidad, como el Truman de “El show de Idem”, vive en un mundo irreal, engañado para que su interpretación canina sea lo más real posible.

Así que se ha creído su condición de superperro y vive pendiente de que a su dueña, una niña actriz explotada por un agente sin escrúpulos (aquí igual he redundado un poco), no la toque ni un pelo el malvado Ojoverde, el malo maloso de la serie. Así que cuando, al estilo de los seriales de Batman de los años 70, el capítulo acaba con el rapto de la niña, Bolt se escapa del set para rescatarla. El problema es que en el mundo real sus poderes no parecen funcionar.

La secuencia de arranque es espectacular, con un dechado de acción propia de los inicios de las películas de Bond, acción a raudales llena de detalles cómicos y gadgets que nos ponen sobre aviso de lo que es la realidad del can, para a continuación introducirnos en la verdadera aventura, en la que se introduce al resto de personajes, el hamster loco de admiración, la gata cínica y descreída y unas cuantas palomas descacharrantes.

Acción, momentos tristes y reconciliación descacharrante, la fórmula mil y una veces utilizada por Disney pero llevada a buen puerto. Una crítica hacia la manipulación de los niños actores, hacia el abandono de las mascotas y el eterno canto a la amistad, puesta en grano gordo para que no se les escape a los infantes.

A ver si Disney sigue por el mismo camino y vuelve a tratar con dignidad la animación tradicional, que los gráficos por ordenador y los efectos 3D están muy bien, pero seguro que una historia de las de antes, con dibujos de los de antes harían saltar las lágrimas a más de un nostálgico. De momento lo van a intentar con “La princesa y la rana” con una protagonista negra. Veamos si les sigue saliendo bien la jugada.

Lo mejor: Las palomas, sencillamente geniales.
Lo peor: Quizá demasiado infantil para algunos espectadores.
publicado por Heitor Pan el 11 diciembre, 2008

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