Entretenida y bien interpretada, la cinta se sigue con interés pese a discurrir por senderos ya conocidos. No es magistral, pero sí amena

★★★☆☆ Buena

Lo den por muerto, caduco o carente de interés contemporáneo, el ‘western’ siempre termina por reaparecer. Se podrá discutir si su mayor gloria en pantalla grande pasó o no, pero no que el género sigue interesando al público y, en consecuencia, también a las productoras. El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, el ‘remake’ de El tren de las 3:10 o esta Appaloosa confirman este renacido interés por las historias del salvaje oeste. La cinta dirigida, escrita y protagonizada por Ed Harris es su segundo trabajo como realizador tras el ‘biopic’ Pollock. De historia más liviana que aquélla, la película recupera roles típicamente ‘westerianos’ como el del violento líder de una banda de forajidos o el de su antagonista habitual, el cazarecompesas errante poseedor de un simpar dominio del revólver.

Me llama la atención que ambos personajes resulten tan fascinantes para los ciudadanos o granjeros que les secundan en sus historias. Porque, sea villano o justiciero, el pistolero es un hombre temido u odiado, pero también envidiado por su determinación para coger cuanto se le antoja (dinero, mujeres…) por la fuerza y sin reparar en escrúpulos morales. Es el protagonista de los libros de aventuras de los niños y sus andanzas ocupan los grandes titulares de prensa. El cronista, como W.W. Beauchamp en Sin Perdón, sabe que las historias de estos personajes enganchan y les siguen para relatar minuciosamente cada uno de sus duelos y atracos. El cine también.

Appaloosa es el nombre de un pueblo próximo a Nuevo México saqueado y atemorizado por la banda de Randall Bragg (Jeremy Irons). El asesinato a sangre fría a manos de éste del sheriff local llevará hasta ese páramo al oficial federal Virgil Cole (Ed Harris) y a su asistente y socio Everett Hitch (Viggo Mortensen). Los dos llevan chapa, pero sus expeditivos métodos de imponer justicia distan mucho de la ortodoxia propia de un agente de la ley. A ambos les precede su fama de implacables pistoleros y los líderes locales, ante su desesperada situación, les darán plenos poderes para imponer orden. La llegada al municipio de la bella viuda Allison French (Renée Zellweger), sin embargo, le dará un matiz distinto a esta historia que, hasta ese punto, discurría por la convencionalidad de un enfrentamiento entre el delincuente y el cazarecompensas.

La mujer, consciente de su atractivo, se dejará querer por quien parece ser el macho alfa en Appaloosa cuando se instala allí. Y en ese instante es Virgil Cole. Ha impuesto la ley y ha puesto cerco a la banda de Bragg. Pero el ensimismamiento de Cole por la viuda hará peligrar la amistad entre éste y Hitch, símil a la de un caballero y un fiel escudero. Hitch, además de dominar su rifle, es la voz de la sensatez y quien da a Cole las palabras precisas para terminar sus frases. Y le recordará la condición de ambos de agentes y su obligación de llevar ante la justicia a Bragg por el asesinato del sheriff de Appaloosa. La caza dará comienzo y, durante la misma, el papel de la viuda French equivaldrá al de un trofeo por el que duros pistoleros se enzarzarán en una competición por ver quién mea más lejos.

Entretenida y bien interpretada, la cinta se sigue con interés pese a discurrir por senderos ya conocidos. No es magistral, pero sí amena. Mortensen y Harris aportan calidad con su presencia, Irons convence como malo de la función y, en su breve papel, Ariadna Gil ejerce de contrapunto femenino al dependiente personaje de Zellweger. Lo dicho, que el western sigue muy vivo.

Lo mejor: Es la demostración de que el western sigue muy vivo tras la glorificación alcanzada por grandes de la historia del cine.
Lo peor: Alguna situación cómica no funciona como debiera, y la música, algo tan importante en un western como demostrara el tándem
publicado por Matías Cobo el 9 diciembre, 2008

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