Bond, James Bond, ha perdido su identidad a cambio de ganar minutos con escenas de acción y parafernalia, que consiguen un resultado más espectacular, pero no más interesante.

★★☆☆☆ Mediocre

Quantum of solace

Esta nueva película es la continuación lógica (primera vez que sucede en toda la saga) de la anterior entrega y empieza en Italia, donde encontramos a un Bond profundamente puteado y torturado después de lo sucedido en Casino Royale y con evidentes signos de sed de venganza. Así que Bond, buscando respuestas, se topará de frente con una peligrosa organización con poderosos contactos y, siguiendo el hilo (él, porque para el espectador resultará mucho más complicado, la verdad), se cruzará con la rusa más morena de todo su país que, a su vez, también está buscando venganza. Ni que decir cabe, que los dos terminarán uniendo esfuerzos contra un tipejo que está planeando un golpe de estado en Bolivia en favor de un militar exiliado a cambio de una parte del territorio muy importante para sus intereses. Para lograr su objetivo, 007 deberá pasar de "M", del "MI6" para el que trabaja, de la C.I.A. americana y de su puta madre, hasta conseguir su objetivo.

Nuevo director para la nueva de Bond (últimamente no ha repetido ni uno desde que Roger Moore dejó de interpretar al prota), siendo Marc Forster esta vez el elegido. Francamente desconozco el sistema de elección del director por parte de los responsables, porque no le veo demasiado sentido, creo que van poniendo nombres al azar en una caja de zapatos y luego viene la nieta de la amante secreta de Ian Fleming y saca una papeleta, o algo. Y así quizás tendría cierta lógica que para dirigir la película de Bond con más acción de todas las que hasta la fecha se han rodado eligieran a un director que en su puta vida había dirigido ni una sola escena de acción a lo largo de toda su carrera, donde encontramos títulos tan poco adrenalíticos como Monster’s Ball (drama que le dio un Oscar a Halle Berry), Descubriendo nunca jamás (biopic del autor de Peter Pan), Más extraño que la ficción (comedia interesante de gran arranque con Will Ferrell) o Cometas en el cielo (no la he visto, aunque tampoco tiene pinta de ser pura acción). Y a pesar de todo, me tengo que meter la lengua en el culo de nuevo, pues lo cierto es que las escenas de acción están bastante conseguidas, espectaculares y bien resueltas y son de lo mejor de la película. ¡Que coño, si casi es lo único de la película!

Total, que una vez elegido el director solo les quedaba elegir a la chica Bond, porque al prota ya lo tenían pillado desde la peli anterior: Daniel Craig, conocido como el Bond rubio, que apenas ha sonreído en las dos entregas que ha protagonizado, y de flema británica, humor, sarcasmo, disimulo, sutileza y demás características propias del personaje ni que decir que nada de nada en pantalla. En cuanto a la chica, encontramos un nuevo nombre para sumar a la extensa lista de chicas Bond: Olga Kurylenko (que interpreta a una rusa enfurruñada), en cuya breve trayectoria cinematográfica encontramos dos títulos de acción salidos de videojuegos: Hitman y Max Payne (queda abierto el concurso popular para averiguar cual de las dos es peor) y que se dio a conocer como vampira seduciendo a Frodo en uno de los capítulos de Paris je t’aime. Además, también encontramos a un español, Fernando Guillén Cuervo, como uno de los malos de la peli, aunque no con demasiado papel. No deja de ser sorprendente que siempre que los actores españoles se meten en una superproducción sea para interpretar al malo de la función: Jordi Mollà (Dos policías rebeldes 2), Luis Tosar (Corrupción en Miami), Javier Bardem (No es país para viejos) e incluso Fernando Rey (French connection).

Lo siento, no lo acabo de pillar. Ya me pasó con la anterior Casino Royale y después de ver ésta, lo siento, no lo acabo de pillar. Se supones que si hacen una nueva película de James Bond es porque quieren hacer una nueva película de James Bond, ¿no? O sea, el personaje es el que es y está bien que evolucione y se adapte a los nuevos tiempos y esas cosas, pero siempre y cuando siga siendo James Bond, porque si no, no hace falta que le pongan el nombre de Bond, se inventan otro personaje (¿alguien ha dicho Bourne?) y Santas Pascuas. Lo que pasa es que, o no me he quedado con la copla o este no es James Bond. Que hostias, ¡es Batman! ¡A este tío le metes una máscara y una capa y es el puto Batman! Porque, lo cierto, es que este personaje tiene mucho más de justiciero vengativo que de espía elegante. Les voy a contar la película, a ver ustedes que opinan: Empieza con una persecución en coche, luego otra a pie por los tejados, luego otra en coche, brevemente se pilla una moto, luego otra en una lancha… y así hasta el final. Si, de por medio hay ocasiones en las que hablan, pero tampoco es que digan nada muy importante, ni siquiera está muy bien desarrollada la trama fuera de las persecuciones y disparos. Y es que un servidor, en su más tierna infancia se tragó todos los títulos de la saga Bond (hasta Roger Moore, que luego ya pasé) y después de ver está última me pregunto: ¿que se recordará de esta película? La gran mayoría tienen algún signo distintivo o alguna escena que perdura, pero ¿y en ésta? ¿Que recordaremos, con el tiempo, de esta nueva entrega? Pues supongo yo que bien poca cosa, para que nos vamos a engañar. Además, debe decirse que tampoco ayuda mucho que los malos sean de lo peor (en negativo) que se ha visto en toda la saga, sin ningún tipo de carisma, ni gracia, ni nada.

Resumiendo: Bond, James Bond, ha perdido su identidad a cambio de ganar minutos con escenas de acción y parafernalia, que consiguen un resultado más espectacular, pero no más interesante. Lo siento, no lo acabo de pillar.

Lo mejor: Las escenas de acción
Lo peor: James Bond y los malos
publicado por Jefe Dreyfus el 3 diciembre, 2008

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