Musical muy facilón que, sin embargo, es un chute brutal de buen rollito, ideal para gente deprimida: o se animan o se pegan un tiro.

★★☆☆☆ Mediocre

Mamma mia

La historia transcurre en una muy mediterranea isla griega, donde una pareja de empalagosos pimpollos, que cada vez que aparecían juntos en pantalla me subía el azúcar en sangre, preparan su bodorrio. El problema es que la chica, a sus veinte primaveras, todavía no conoce a su padre y, después de rebuscar en el diario secreto de su madre, la ama de casa que se lo hacía con Harry el Sucio en los Puentes de Madison, descubre que hay tres posibles candidatos (si, la mujer de joven era algo Hippie y bastante ligera de cascos por lo que se ve). Total, que ni corta ni perezosa manda tres invitaciones de boda a sus tres posibles padres (de como consigue las direcciones después de 20 años y con apenas el apodo en alguno de los casos, no hace falta ni decir que se lo van a pasar por el forro). Los tres, Remington Steele, el que se lo quería montar con Britget Jones y el mismísimo Goya en la peli de Milos Forman, acuden raudos y veloces a la cita, sin saber demasiado bien para que los han invitado, ante la sorpresa de la madre de la novia, por su presencia en el enlace. A todo esto súmenle dos amigas de la madre algo alocadas, dos amigas de la novia bastante sosas y un buen puñado de griegos caracterizados como unos putos paletos (supongo yo que es que faltaban extras para los números musicales). Bueno, pues eso, que esto es una comedia de enredos y, apenas con lo que os he adelantado el lío ya está más que seguro. Además, de por medio, se irán enlazando las canciones más conocidas, y fácilmente tarareables, del grupo sueco ABBA, que no es que vuelvan a estar de moda, que va, más bien es que nunca han dejado de estarlo desde hace ya un porrón y medio de años.

La directora de la cosa ésta es una tal Phyllida LLoyd, muy conocida en su casa a la hora de la cena, que se estrena en la gran pantalla con esta adaptación del musical de teatro que está arrasando en medio mundo (por eso en Hollywood han perdido el culo por adaptarla lo más rápidamente posible). Entre los actores que prestan cara y voz (algunos más y otros bastante menos) encontramos a Meryl Streep, actriz con pasmosa facilidad por combinar el drama (Kramer contra Kramer, La habitación de Marvin, Las horas), la comedia (La muerte os sienta tan bien, El diablo viste de Prada) y el romanticismo (Memorias de África, Los puentes de Madison); Pierce Brosnan, conocido por sus papeles de galán (que vuelve a repetir en esta película) y penúltimo James Bond; Colin Firth, actor inglés abonado a las comedias (románticas en su mayoría) y Stellan Skarsgard, secundario habitual y protagonista ocasional (El exorcista: el comienzo, Waz).

Cuando en una película están bastante más interesados en cantar que en contarnos una historia, no hay duda en que algo no va bien, y en ésta parecen, realmente, muy interesados en cantar, tanto, que hay momentos en los que las canciones de ABBA se van atropellando sin, siquiera, dejar espacio para que la trama vaya creciendo (aunque a la hora de la verdad hay poco para crecer). Creo que en una ocasión incluso empalman dos seguidas sin que venga demasiado a cuento de nada. Las canciones son de sobras conocidas por todos y se convierten en auténtica piedra angular, siendo de lo poco con verdadera fuerza en la película (y los fans del grupo se lo pasarán en grande). Por el contrario, en el otro extremo encontramos las actuaciones (más bien parece una función de final de curso de cole de barrio, más interesados en pasarlo bien que en convencer), la trama (es la que es, no se han roto mucho la cabeza pensándola) y los números musicales (bastante flojitos en su global y con alguno francamente pobre y malo, desaprovechando todo lo que puede significar el traspaso de la historia al medio cinematográfico). Aunque soy muy consciente que a la gente que le haya gustado la peli, todo esto se la va a sudar mucho, pues aquí de lo que se trata es de pasarlo bien y de salir contento del cine tarareando Dancing Queen.

Resumiendo: Musical muy facilón que, sin embargo, es un chute brutal de buen rollito, ideal para gente deprimida: o se animan o se pegan un tiro.

Lo mejor: La falta de pretensiones
Lo peor: La falta de pretensiones
publicado por Jefe Dreyfus el 18 noviembre, 2008

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