A partir de esa premisa, Kelly despliega un entramado con regusto de conspiración, a lo Expediente X, que nunca pierde interés: juegos con el tiempo, espionaje político, una historia enloquecedora en la que nada es lo que parece.

★★★☆☆ Buena

The box

El norteamericano Richard Kelly sorprendió en 2001 a medio mundo con su opera prima Donnie Darko, una película a medio camino entre la ciencia-ficción y el drama juvenil, inicialmente ignorada pero convertida, gracias al boca-oreja y al efecto de Internet, en uno de los primeros filmes de culto del nuevo siglo.

Unos años después, Kelly se estrellaría con la ambiciosa Southland Tales, que sin ser el desastre del que se habló a su paso por Cannes en el 2004, si que cabe reconocer que estaba por debajo de su debut. Sin embargo, el estilo de Richard Kelly empezaba a poseer una identificación clara: guiones donde se mezclan presente y futuro, decisiones que pueden marcar condicionar de forma dramática el devenir de sus personajes, intrigas con un pie en la paranoia y cierta metafísica de la salvación del mundo. En The Box, este joven realizador sigue fiel a sus temáticas e intereses, contando en esta ocasión con un reparto más “comercial”: una otoñal Cameron Díaz, acompañada de James Marsden (Cíclope en la saga de X-Men), y el toque de distinción aportado por Frank Langella.

Antes de ver la película, no me convencía la elección del reparto, pero, sorprendentemente, tanto Díaz como Marsden resultan creíbles en el interior de la pesadilla que les tocará vivir. Una pareja de los 70 que, bajo su manto de comodidad, se encuentra con la terrible realidad del desmoronamiento económico. De repente, tendrán la oportunidad de resolver sus males, tan sólo pulsando un botón. El de la caja que da título al filme. Richard Kelly conduce, con el talento visual que ya le conocíamos, un sólido guión, que no deja ser otra de esas fábulas morales pesimistas sobre el comportamiento humano.

Desde luego, el punto de partida es todo un dilema: sólo hay que pulsar un botón para recibir un millón de dólares. El único inconveniente es que, al pulsarlo, morirá un desconocido. Existe la posibilidad de que nunca nos enteremos de esa muerte, o de que sea mentira. Pero también hay otras posibilidades…

A partir de esa premisa, Kelly despliega un entramado con regusto de conspiración, a lo Expediente X, que nunca pierde interés: juegos con el tiempo, espionaje político, una historia enloquecedora en la que nada es lo que parece. Todo ello respaldado por una gran recreación de los 70. El vestuario y decorados son sobresalientes, al igual que la fotografía cuya paleta elige los colores según las necesidades del momento, una inquietante banda sonora, y unas buenas actuaciones, sobretodo la del frío y misterioso personaje interpretado por Frank Langella. La cámara, sin grandes alardes, está siempre en el lugar adecuado, y el ritmo nunca decae, aunque a ratos se abuse de demasiados golpes de efecto. El conjunto es una estimable cinta que habla sobre nosotros mismos a lo largo de una montaña rusa de emociones. Kelly sigue siendo un autor a tener en cuenta, demostrando que Donnie Darko no fue una casualidad.

Lo mejor: Su ritmo nunca decae.
Lo peor: Abuso de los golpes de efecto.
publicado por Andrés Pons el 9 noviembre, 2009

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