Además de la trama central la cinta posee muchos e interesantes ingredientes para comentar: la libertad de expresión, el racismo y, en fin, la intolerancia.
Clásico del cine fantástico que se encuentra a un paso entre el género de aventuras y el de terror. La película se basa en la conocida obra de Víctor Hugo El Jorobado de Notre Dame; es la segunda adaptación y la mejor de todas (la primera data del cine mudo, con una interpretación legendaria de Lon Chaney).
Además de la trama central, es decir la gitana perseguida por un juez déspota y salvada por el tullido que habita en la catedral de París, posee muchos e interesantes ingredientes para comentar: por ejemplo el asunto de la libertad de expresión –a tener muy en cuenta desde la invención de la imprenta- nueva preocupación de las autoridades dado el peligro potencial que supone la opinión pública. También presenta el tema de actualidad de la xenofobia y el racismo (los gitanos son tratados como seres inferiores). Y en general el de la intolerancia, con el rechazo explícito hacía el jorobado (Charles Laughton, en una impresionante caracterización e interpretación).
La película se realizó cuando estallaba la Segunda Guerra Mundial, sin embargo muestra un mensaje optimista cuando al final, el personaje encarnado por el debutante Edmond O’Brien, le dice a Thomas Mitchell que es mejor solucionar los problemas con las palabras que con la acción. Es particularmente emocionante el momento en el que Charles Laughton se sube a las campanas y las hace tocar frenéticamente; según dicen, justo antes de rodar la escena, alguien le comunicó al actor británico que comenzaba la contienda más sangrienta de la historia.
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